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Una conversación sobre las diferentes tradiciones alquímicas, sus puntos en común y la misteriosa obra de René Schwaller de Lubicz

Desde hace un par de años he estado siguiendo el trabajo del Dr. Aaron Cheak, quien me parece es actualmente uno de los más destacados estudiosos de la alquimia en sus diferentes tradiciones, particularmente avezado en la fascinante obra del alquimista y egiptólogo René Schwaller de Lubicz. Si bien Aaron Cheak tiene un doctorado en estudios religiosos, es traductor del alemán y del francés y se desempeña también como editor y profesor (es decir, cumple con el criterio de la erudición académica), lo que me parece más significativo es que se mueve con libertad y fluidez entre un lenguaje especializado y un lenguaje más fresco y vital que permite divulgar conocimientos que por definición son esotéricos y herméticos. Asimismo, Cheak reconoce que el estudio de la alquimia y de otras filosofías espirituales necesariamente requiere de una dimensión de la experiencia, que vaya más allá del estudio libresco y del análisis discursivo. Y es la apertura a la dimensión de la experiencia lo que libera el discurso y le permite acceder a un entendimiento estético y espiritual. Como sugiere Pierre Hadot, la filosofía necesariamente debe de convertirse en un "ejercicio espiritual", es decir, en un arte de vida. 

Recientemente pude conversar con Aaron Cheak sobre lo que podemos llamar una perspectiva no-dual de las diferentes tradiciones alquímicas, como se plantea en su importante libro Alchemical Traditions (la transcripción en español y el audio en inglés siguen a esta introducción). Ahí Cheak concibe a la alquimia como un fenómeno integral en el que participan diversas tradiciones en Oriente y Occidente, y que va desde la metalurgia a la metafísica. Así define a la alquimia Aaron Cheak en su introducción:

La alquimia puede ser descrita, en palabras de Baudelaire, como un proceso de "destilar lo eterno de lo transitorio". Como el arte de la transmutación por excelencia, las aplicaciones de la alquimia siempre han sido dobles: chrysopoeia y apoteosis (hacer oro y hacerse dios), la perfección de los metales y de los mortales. En su búsqueda por convertirse "el veneno en vino", la alquimia, al igual que el tantra, se sumerge en la existencia material –a veces en sus aspectos más disolutos y corruptos– para poderla transformar en un vehículo de liberación. Como la teurgia, busca no sólo la liberación personal –la redención del alma de los ciclos de generación y corrupción– también la liberación (o perfección) de la naturaleza en sí misma a través de una participación en la demiurgia cósmica. En su sentido más alto, la alquimia entra en conformidad con lo que los cabalistas lurianos llaman el tikkun, la restauración del mundo.

Pero esta restauración del mundo, en la que se disuelven las fronteras entre el proceso alquímico individual y colectivo, no es el resultado de un acto creativo o un esfuerzo épico, sino más bien de un reconocimiento de la realidad en su estado puro y luminoso, sin el velo de una percepción oscurecida. "Tenemos una idea progresiva de la espiritualidad y pensamos que debemos de dar ciertos pasos para alcanzar una cosa más elevada, pero en realidad sólo necesitamos hacernos a un lado para que la naturaleza primordial brille a través de nosotros. Debemos desmantelarnos para que el sol primordial se revele en nosotros", dice Cheak, usando una metáfora clásica del budismo mahayana.  

A continuación presentamos el audio y la transcripción de la primera parte de nuestra conversación, en la que tocamos la enigmática hipótesis de René Schwaller de Lubicz –basada en su estudio del Egipto faraónico y sus prácticas soteriológicas– de que la conciencia humana se inscribe en los huesos, particularmente en el fémur y regresa al sedimento mineral de la Tierra, acelerando el proceso de la evolución (que no es más que el regreso de la conciencia a su origen: la Conciencia). Hablamos también de la eternidad como presencia, la relación entre la mente divina, el cosmos y el ser humano, algunos paralelos entre el hermetismo y el daoísmo y las limitaciones de la visión científica en la comprensión del mundo como un todo. En la segunda parte hablamos sobre el silencio como sendero, la relación entre conciencia y espacio o la transparencia del cuerpo y el cielo (siguiendo un poema de Rilke), el descubrimiento de la naturaleza búdica o la inmanencia de la iluminación (siguiendo al dzogchen y el mahamudra) y otros temas relacionados a la alquimia y a la espiritualidad.

Schwaller de Lubicz y la inscripción de la conciencia en los huesos (la ceniza indestructible de la experiencia)

Cuando quemas algo obtienes cenizas como residuo, y las cenizas son interesantes porque no puedes quemarlas, no puedes destruirlas, son el sobrante del proceso de la destrucción. Ya sea por combustión o por putrefacción, estos procesos destruyen todo excepto estos residuos minerales. Así que desde un sentido puramente físico, en efecto son indestructibles, son inmortales. Incluso si lo ves en términos de la cosmogénesis moderna científica, los elementos minerales son los bloques fundamentales de la creación. Así que, en cierta forma, toda la teoría de evolución de Schwaller viene de esta idea de que la vida como la conocemos emerge de esta capa mineral del ser. 

Esta idea nos dice que todo lo que conocemos como vida y evolución está contenido en la semilla mineral, y esta semilla mineral contiene una forma de conciencia que, con el tiempo, se expresa –o evoluciona– por medio del reino vegetal y el animal y así continúa. Pero al final de cuentas hay una noción de que existe una conciencia en la naturaleza mineral, la cual es el sedimento de toda la existencia. Y esto, a nivel individual, lo que significa, según Schwaller, es que [la semilla mineral] preserva nuestra conciencia. 

[Lo que se preserva en la capa mineral] no son las las experiencias comunes y corrientes que experimentas cotidianamente, sino solamente las experiencias más importantes. Y me gustaría decir que son el tipo de experiencias vitales que penetran hasta los huesos. Puedes sentirlas en la médula. Si no puedes sentirlas a ese nivel de profundidad no van a sobrevivir. Como decía, este tema fue lo que realmente me acercó a la obra de Schwaller.

Según Schwaller éste es el tipo de trabajo iniciático en el cual uno debería centrarse, cultivar ese tipo de experiencias que llegan lo suficientemente profundo para inscribirse en los residuos minerales de tus huesos. [Esta conciencia inscrita en los huesos] sobrevive la muerte del cuerpo y se recicla, y entra nuevamente en los ciclos de la naturaleza, lo cual es una especie de mecanismo de palingenesis o reencarnación, porque la conciencia que se preserva en ese residuo mineral encuentra nuevos medios de existencia. Schwaller diría que se une con la célula o semilla biológica, es asimilada en los seres biológicos y encuentra su camino hacia la expresión encarnada. 

La materia como instrumento para la evolución de la conciencia

Esto es lo que implicaba Schwaller cuando hablaba de que el reino mineral era el sedimento de toda la existencia. Sri Aurobindo lo dijo muy bien: "la materia es vida encubierta, la vida es mente encubierta y la mente es espíritu encubierto" [matter is veiled life, life is veiled mind and mind is veiled spirit]. Ésta es la idea de que incluso la capa mineral de la existencia contiene, o esconde, vida, así que secretamente está viva. Pero la vida en sí misma contiene, o esconde, la mente o conciencia, y esto mismo es un vehículo para el espíritu. Así que tienes todos estos cuerpos o encubrimientos o vehículos para el espíritu que se mueve por los distintos reinos de la naturaleza.

Lo anterior nos da la sensación de que la existencia como la conocemos está evolucionando a través de estas grandes fases que conocemos como los reinos de la naturaleza y al mismo tiempo cada fase está siempre presente. No eliminamos la fase mineral sólo porque estamos en la fase animal o humana, todas están siempre presentes.  

Lo interesante de esta idea de Schwaller es que parecería que estamos evolucionando hacia una finalidad. Sin embargo, lo que realmente dijo es que este proceso que parece una evolución es meramente una apariencia. Porque toda su filosofía habla de un ser primordial, que llamó "Antropocosmos", una entidad perfecta, que es todo y que existe como una totalidad desde antes de que lo que conocemos como evolución emerja y parezca desplegarse. Paradójicamente, el Antropocosmos es también la meta o producto final al cual la evolución se dirige. Es el alfa y el omega, el principio y fin, entre los cuales la evolución es una especie de cadena. 

Schwaller menciona el tornillo arquimédico, que me hace pensar en este fenómeno en el que si tomas un tornillo en la mano y lo giras, pareciera que la cuerda del tornillo está creciendo o extendiéndose, aunque no sea así. El tornillo es del mismo largo, no está evolucionando, no está creciendo a un lado ni al otro; sino que se mantiene igual, sólo pareciera…

Una metáfora de la eternidad en el tiempo

Esto se remonta a Platón, e incluso Parménides, que dijeron que todo es, sólo ES, sin movimiento; aun cuando tenemos esta apariencia de movimiento y cambio. Inclusive Platón en el Timeo habla del acto de este ser primordial, de esta divinidad primordial que revoluciona sobre sí mismo. Así que permanece igual, aunque se mueve sobre su propio eje, de alguna manera. Tenemos todo tipo de resonancias. 

La creación como un momento siempre presente

Schwaller habla de la constante de la cosmogenesis. Esto supone que el tiempo no es el constructo lineal con el cual estamos acostumbrados a concebir el mundo. El tiempo es esta eternidad que está siempre presente, de la misma forma que el origen de las cosas está siempre presente y el fruto final de las cosas y los procesos entre ellas están siempre disponibles a nosotros como una presencia constante. Es difícil captarlo, porque te obliga a salir de los modelos del tiempo y del espacio dentro de los cuales operamos de manera cotidiana.

Alquimia no dual: o la falsa dicotomía entre lo espiritual y lo material

Por mucho tiempo muchos académicos redujeron la alquimia a procesos químicos que podrían reproducirse en el laboratorio y antes que eso decían que la alquimia era química defectuosa que se hacía antes de que descubriéramos la ciencia. 

Así que los académicos pensaban que la alquimia era sólo química, química errónea o, también, estaba el otro modelo jungiano donde todo era psicología. Los historiadores de la ciencia han tratado de desestimar a los alquimistas psicológicos jungianos, diciendo que no es psicología, es química. Y los jungianos sosteniendo que no es química, es psicología. Yo siento que esto es una dicotomía falsa.

Mientras más estudio la alquimia más me doy cuenta de que tiene un aspecto material muy concreto, pero también tiene un aspecto metafísico. Y separarlos es no entender de qué se trata. Esto tiene que ver con lo que dije antes de que el universo tiene un sedimento de manifestación mineral, que se convierte en un vehículo para el espíritu a través del desenvolvimiento de la evolución, y así sucesivamente. Y todo esto no es más que el proceso de la conciencia manifestándose a sí misma en su retorno a sí misma. Me di cuenta de que todas las explicaciones tradicionales no captaban esa dinámica no dual.

Es por esto que la alquimia daoísta es tan interesante, ya que queda muy claro ahí esta doble naturaleza. Específicamente en la idea del yin y el yang, donde cualquier aspecto de la realidad puede expresarse en términos de una dinámica yin-yang. En un sentido básico el yin es más material y el yang más espiritual, pero siempre es una danza y nunca están del todo separados. 

Incluso puedes ver esto en la medicina china que tiene una fisiología biológica, pero también tiene una fisiología energética. Por ejemplo. tienes la sangre y las venas por las que circula, pero también tienes los meridianos por los que fluye el chi, y ellos dicen que en el flujo sanguíneo la sangre sigue al chi; así que siempre está esta interacción, esta danza de los dos aspectos. Y si extiendes esta manera de pensar a la realidad como un todo, nuestro mundo es en gran medida así: tenemos un aspecto material del universo muy contundente, pero eso mismo sigue a este universo invisible o energético, el cual nos jala a través de él, de la misma manera que el chi pulsa a través de los meridianos en contacto cercano con la sangre en las venas. Para mí, esto parece un modelo más rico y más revelador de la relación entre el espíritu y la materia que la polarización dualista en la que ni siquiera se comunican.

Lenguaje alquímico vs lenguaje científico

El lenguaje alquímico, ya sea que estés usando el lenguaje alquímico daoísta o el lenguaje alquímico occidental (hermético), describe un proceso dinámico, que puede implicar el proceso metálico en sus transformaciones, puede describir procesos en la naturaleza o también describe procesos espirituales, metafísicos o cosmológicos. Este lenguaje único aplica a todas las cosas. Esto es lo opuesto a lo que hace la ciencia moderna actualmente. Y el ejemplo clásico de eso son los elementos. Los 4 elementos tradicionales, o 5 elementos en Oriente, donde todas las cosas podían verse como manifestaciones de estos elementos. En cambio, ahora tenemos toda una tabla de elementos. Es un uso del lenguaje [la alquimia] en el que tienes un grupo limitado de términos que pueden ser aplicados a todo, describiendo todos los aspectos de la realidad, utilizando un tipo de lenguaje muy refinado, porque está describiendo los principios, las dinámicas y los procesos de la realidad como un todo. Luego llega la ciencia moderna y quiere darle a cada cosa un nombre distinto. Y es por esto que los científicos ya no hablan más entre sí, porque se han hecho sobreespecializados, como la biología versus la física y así. Todas las ciencias distintas proliferan y se hacen tan especializadas que no pueden ya entenderse, es como si hablaran idiomas distintos, porque la taxonomía y la nomenclatura son tan complicadas. Y entonces ya no tenemos una ciencia que sea universal, es demasiado específica, ya no describe más al todo. Así que es un enfoque totalmente opuesto a la ciencia hermética o daoísta, la cual entiende los principios que actúan en todas las cosas y usa lenguaje simbólico para describir esos procesos que son más o menos universales no importa la escala de realidad a la que se mire. 

Una lectura daoísta de la Tabla Esmeralda

Joseph Needham [autor de Ciencia y Civilización en China] hizo una lectura daoísta de la la Tabla Esmeralda. Él hizo una especie de traducción usando expresiones daoístas para de alguna manera mostrar que estas dos tradiciones usan el mismo tipo de lenguaje para describir los procesos del mismo tipo de dinámica de la realidad. Y es maravilloso cuando lees eso porque está glosando la Tabla Esmeralda usando lenguaje daoísta y encaja muy bien, porque te mueves de la unidad a la multiplicidad complejidad, a través de este tipo de fases, como la dualidad y la trinidad y así sucesivamente. Y hay un pasaje, creo que del Dao de jing que dice que del 1 viene el 2, del 2 viene el 3, y del 3 vienen 10,000 cosas. [Como también aparece en un texto de María la Judía, una de las primeras alquimistas que dice casi exactamente lo mismo: "Del Uno nace el Dos, del Dos nace el Tres y del Tres nace el Uno como el Cuatro"]. Y éstas son resonancias muy profundas, que algunas personas quieren explicar diciendo que debió haber una conexión histórica, que tal cultura debió haber tomado prestada esta idea de aquella otra cultura; sin embargo, esto sucede demasiado como para explicar tantos préstamos históricos. Lo que yo considero que usualmente sucede es que se debe a la mentalidad simbólica en sí misma, la cual piensa el mundo de esa manera, percibe al mundo de esa manera y, por lo tanto, expresa al mundo de esa manera.

Autopercepción divina

Puedes trazar esta idea de regreso a la cosmología egipcia, en la que la humanidad es vista como un espejo del ser divino y del mismo cosmos. El Corpus Hermeticum dice que existen dos formas de Dios: el cosmos y el hombre. Así, el cosmos y el ser humano son sólo dos imágenes simbólicas de la divinidad. El cosmos tiene una inteligencia o alma (lo que llaman el "Anima Mundi"), al igual que el ser humano.

La cosmología egipcia dice esto casi exactamente, que el universo en sí mismo, el mundo físico o el cosmos material, es el cuerpo de la mente divina y de alguna manera todas las cosas reflejan esa forma, la Creación misma es una réplica o extensión de este modo original de la divinidad. 

La otra implicación aquí es que nuestra mente o alma es en realidad idéntica a la mente divina; esto es algo que se expresa clásicamente en el hinduismo con el Atman es Brahman, el alma personal es el alma universal. Este tema es recurrente, que no existes separado de la realidad última y eres su expresión o vehículo de la misma forma que lo es el cosmos. 

Twitter del autor: @alepholo

Twitter de Aaron Cheak: @aaroncheak

Sitio de Aaron Cheak

Aaron Cheak sobre la búsqueda hermética de René Schwaller de Lubicz

Transcripción en inglés de la entrevista con Aaron Cheak

La teología matemática de Egipto en la obra de Schwaller de Lubicz

Fotos: Aaron Cheak

Asistencia en traducción y transcripción: Eleazar Velasco

Investigador sugiere que la función de los sueños puede explicarse desde la selección sexual, en una mezcla de Darwin y Freud. ¿Pero acaso no tienen los sueños funciones más sutiles?

Una de las cosas con las que más se asocia a Freud es con haber interpretado los sueños como manifestaciones de la energía sexual, a grandes rasgos, como formas de cumplir los deseos sexuales que rigen el inconsciente del ser humano. El sueño más famoso en este sentido es el llamado la "inyección de Irma", el cual Freud interpretó como un símbolo de su deseo sexual aunque no era tan evidente para un análisis que no tuviera la sexualidad como eje conductual.

Las teorías de Freud sobre los sueños han perdido tracción entre los psicólogos evolucionistas y neurocientíficos, si bien no existe una teoría universalmente aceptada para entender por qué soñamos. Sin embargo, recientemente la teoría de Freud ha sido resucitada por el profesor de la Escuela de Medicina de la Universidad de Boston, Patrick McNamara, quien cree que en realidad todos los sueños tienen un fundamento sexual.

McNamara ha notado que existe una correlación ente erecciones peniles y agrandamiento del clítoris en los momentos en los que inicia el periodo REM (moción rápida de los ojos que marca el inicio de la imaginaria onírica). Estudios de resonancia magnética indican que durante el REM los circuitos de recompensa se activan y diferentes hormonas asociadas con la excitación sexual y el vínculo emocional del sexo también obedecen ritmos relacionados al REM. Anteriormente, Stephen Laberge, quien ha estudiado extensamente los sueños lúcidos en su laboratorio de Stanford, notó que existe una correlación entre una experiencia sexual en el sueño y los signos corporales que marcan excitación sexual. 

En sus estudios McNamara ha notado dos patrones sobresalientes. Los hombres suelen soñar con algún tipo de aventura, guerra violenta o lucha dramática con otros hombres, mientras que las mujeres sueñan comúnmente con discusiones animadas con amigos y otras personas que conocen. Con cierta fidelidad al psicoanálisis freudiano, esto lo interpreta desde una óptica sexual. Los sueños de los hombres, según McNamara (quien ha estudiado un banco de miles de sueños) tienden a mostrar agresividad hacia otros hombres, los cuales son reflejo de una dinámica de agresividad en contra de potenciales competidores para reproducirse. Esto sería un resabio de un pasado evolutivo en el que el hombre tenía que luchar contra otros hombres para tener acceso a las mujeres fértiles. En el caso de las mujeres, sus sueños muestran agresión, pero verbal, a otras mujeres (un tema común es hacer menos a otra mujer en el sueño), algo que McNamara considera puede ser una estrategia reproductiva. 

El grueso de la hipótesis de McNamara se sustenta en una serie de estudios en los que notó que las personas que están involucradas en una relación de pareja o que están buscando con ahínco tener una, suelen recordar más sueños, compartirlos más y tener un contenido que refleja este tema. Sus resultados sugieren que, de hecho, las personas que están ávidas por una relación recuerdan más sus sueños y tienen más sueños de agresión hacia lo que considera son posibles competidores; las personas con una relación estable les siguen y por último las personas que tienen poco interés en tener una pareja no tienen tanto este tipo de sueños y en general recuerdan menos sus sueños. Eros parece ser la energía que enciende al flujo onírico. 

Para explicar la función evolutiva de los sueños, McNamara se apoya en la selección sexual de Darwin y explora la posibilidad de que los sueños, como la cola del pavo real, que es una especie de aditamento poco económico en términos evolutivos pero que tiene una función afrodisíaca, tengan que ver con la selección sexual. Pese a que el REM nos coloca en un estado de vulnerabilidad de temperatura y hacia ciertos depredadores apagando zonas de respuesta en el cuerpo, podría tener una función de hacernos querer tener más sexo y vincularnos con ciertas personas. No sorprenderá a nadie que las personas que tienen sexo en un sueño suelen tener más probabilidades de tener sexo los siguientes días de ese sueño. 

Para probar su teoría, McNamara se encuentra organizando un estudio en el que piensa demostrar una correlación entre los sueños y la capacidad reproductiva o un aumento de fertilidad. Aquellos que sueñan más deben de tener también una mayor aptitud fisiológica para reproducirse, según su hipótesis. 

La hipótesis de McNamara ciertamente es interesante y podría también asociarse con el dominio psicológico que tienen los sueños en los procesos de enamoramiento. Ya sea por la influencia de la literatura y de la poesía, por algún mecanismo evolutivo o algún proceso psíquico más sutil, cuando soñamos con una persona eso nos parece convencer de que una relación con la misma tendrá una mayor fuerza y significado. En algunas culturas, como parte del proceso de emparejamiento, las personas deben soñar con sus parejas antes de conocerlas; el más bello ejemplo de esto es la llamada "Noche de santa Inés" (The Eve of St. Agnes, inmortalizada por Keats). En esta tradición folklórica se considera que una doncella puede ver a su futuro esposo en un sueño si realiza cierto ritual dicha noche. El rito consiste en ayunar, dormirse completamente desnuda, colocar las manos debajo de la almohada y mirar hacia los cielos (sin mirar hacia atrás). Esto propiciaría que su futuro amado llegara en el sueño y la besara, sellando así su futuro en la magia del amor. 

Por otro lado, la psicología y la psiquiatría moderna, limitados por el materialismo de la ciencia, solamente explican los sueños dentro de una función evolutiva biológica. Lo cual nos lleva a preguntarnos si los sueños tienen sólo una función biológica o también una función de evolución espiritual. Evidentemente tal cosa para la ciencia no tiene sentido, especialmente porque no se puede medir con sus métodos. Sin embargo, también existe una larga tradición que vincula a los sueños con el mundo espiritual, con la profecía, los oráculos y la transformación personal. Personalmente me parece que pensar que la ciencia tiene las llaves de qué es real y qué no y tiene la capacidad de fijar los límites del conocimiento es completamente absurdo. Hay conocimiento interno, hay una ciencia contemplativa (usando el término que el físico y maestro budista Alan Wallace ha acuñado) y no sólo es válido, sino que es necesario para la evolución integral del ser humano. Y es aquí que los sueños tienen mucho que decirnos y seguramente no pueden reducirse solamente al sexo. El ser humano es justamente la especie que tiene la capacidad de crecer más allá de las limitaciones y las definiciones de la biología animal o de la mera subsistencia material. 

Un ejemplo de cómo los sueños pueden ser interpretados espiritualmente también es el caso de los sueños en los que una persona vuela. Para Freud volar en los sueños era un claro símbolo de una energía libidinal, una especie de metáfora de la erección. Pero podemos también interpretar el sueño de volar, un poco de manera más jungiana, ya no como un deseo sexual sino como un deseo de la psique de liberarse. Y es que los sueños en los que se vuela, si bien tienen en ocasiones claras correlaciones sexuales, también suelen ser las antesalas preferidas de un sueño lúcido, de despertar en el sueño, vía el descubrimiento de su naturaleza ilusoria (al violar las leyes de la física de la vigilia).

Los sueños lúcidos desafían en cierta forma el reduccionismo biológico reproductivo de los sueños. Porque un sueño lúcido puede tener el contenido que una persona desee. Si bien esto a veces se manifiesta en una promisicuidad que hace uso de todo el potencial libidinal del individuo (una orgía en el cielo), también es cierto, como documentan casos de soñadores lúcidos expertos, por ejemplo los yoguis tibetanos, que los sueños pueden utilizarse para explorar la naturaleza de la mente e incluso establecer un continuum que disuelva la dualidad entre sueño y vigilia en la claridad de la pura conciencia. ¿No es acaso esta función también importante? El sueño como autoconocimiento, como escenario virtual en el que el soñador puede poner a prueba de qué está hecho el mundo y la mente, y quizás encontrar que ambos tiene la misma sustancia como sugirió Shakespeare en La Tempestad? Y si seguimos el razonamiento evolucionista, el hecho de que el hombre sea capaz de tener sueños lúcidos, habla de que éstos tienen una función evolutiva. Pero, como vemos, esta función evolutiva no puede reducirse a lo meramente sexual. Escribe Alan Wallace:

Los sueños lúcidos proveen el escenario ideal para examinar la naturaleza esencial de los sueños y la realidad y la relación entre el estado de sueño y la vigilia. Según investigación científica, la principal diferencia entre los sueños y la imaginación y la percepción de la vigilia, es que las experiencias de la vigilia son directamente excitadas por los estímulos del mundo externo, mientras que la imaginación y los sueños son creaciones irrestrictas, libres de las influencias físicas y ambientales. Para el pensamiento budista, sin embargo, la ciencia occidental sólo cuenta la mitad de la historia. El budismo y la ciencia, ambos, están de acuerdo en que aunque objetos visuales, sonidos y sensaciones táctiles del mundo alrededor parecen existir allá afuera, no tiene existencia separada de nuestra percepción consciente de ellas. Pero el budismo añade que la masa, energía, espacio y tiempo como son concebidos por la mente humana, tampoco tienen existencia separada de nuestra conciencia conceptual de las mismas --no más que nuestros sueños cada noche–. Todas las apariencias existen sólo en relación a la mente que las experimenta, y todos los estados mentales surgen en relación a los fenómenos experimentados. Vivimos en un universo participatorio, sin sujetos y objetos absolutos. Con este énfasis principal en la naturaleza ilusoria tanto de la realidad de la vigilia como la de los sueños, los budistas tibetanos formularon un sistema de enseñanzas llamado "yoga de los sueños" hace más de mil años, el cual usa el poder de los sueños lúcidos para deshacer las ilusiones y abrir una puerta a la iluminación. 

Éste sería el sentido de los sueños para el budismo tibetano y seguramente también para otras tradiciones filosóficas, que los sueños pueden usarse para descubrir que el mundo también es un sueño y que por lo tanto es una cocreación de la mente y la energía. El sueño, paradójicamente, tiene la función evolutiva de hacernos despertar.

Twitter del autor: @alepholo