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Una conversación sobre las diferentes tradiciones alquímicas, sus puntos en común y la misteriosa obra de René Schwaller de Lubicz

Desde hace un par de años he estado siguiendo el trabajo del Dr. Aaron Cheak, quien me parece es actualmente uno de los más destacados estudiosos de la alquimia en sus diferentes tradiciones, particularmente avezado en la fascinante obra del alquimista y egiptólogo René Schwaller de Lubicz. Si bien Aaron Cheak tiene un doctorado en estudios religiosos, es traductor del alemán y del francés y se desempeña también como editor y profesor (es decir, cumple con el criterio de la erudición académica), lo que me parece más significativo es que se mueve con libertad y fluidez entre un lenguaje especializado y un lenguaje más fresco y vital que permite divulgar conocimientos que por definición son esotéricos y herméticos. Asimismo, Cheak reconoce que el estudio de la alquimia y de otras filosofías espirituales necesariamente requiere de una dimensión de la experiencia, que vaya más allá del estudio libresco y del análisis discursivo. Y es la apertura a la dimensión de la experiencia lo que libera el discurso y le permite acceder a un entendimiento estético y espiritual. Como sugiere Pierre Hadot, la filosofía necesariamente debe de convertirse en un "ejercicio espiritual", es decir, en un arte de vida. 

Recientemente pude conversar con Aaron Cheak sobre lo que podemos llamar una perspectiva no-dual de las diferentes tradiciones alquímicas, como se plantea en su importante libro Alchemical Traditions (la transcripción en español y el audio en inglés siguen a esta introducción). Ahí Cheak concibe a la alquimia como un fenómeno integral en el que participan diversas tradiciones en Oriente y Occidente, y que va desde la metalurgia a la metafísica. Así define a la alquimia Aaron Cheak en su introducción:

La alquimia puede ser descrita, en palabras de Baudelaire, como un proceso de "destilar lo eterno de lo transitorio". Como el arte de la transmutación por excelencia, las aplicaciones de la alquimia siempre han sido dobles: chrysopoeia y apoteosis (hacer oro y hacerse dios), la perfección de los metales y de los mortales. En su búsqueda por convertirse "el veneno en vino", la alquimia, al igual que el tantra, se sumerge en la existencia material –a veces en sus aspectos más disolutos y corruptos– para poderla transformar en un vehículo de liberación. Como la teurgia, busca no sólo la liberación personal –la redención del alma de los ciclos de generación y corrupción– también la liberación (o perfección) de la naturaleza en sí misma a través de una participación en la demiurgia cósmica. En su sentido más alto, la alquimia entra en conformidad con lo que los cabalistas lurianos llaman el tikkun, la restauración del mundo.

Pero esta restauración del mundo, en la que se disuelven las fronteras entre el proceso alquímico individual y colectivo, no es el resultado de un acto creativo o un esfuerzo épico, sino más bien de un reconocimiento de la realidad en su estado puro y luminoso, sin el velo de una percepción oscurecida. "Tenemos una idea progresiva de la espiritualidad y pensamos que debemos de dar ciertos pasos para alcanzar una cosa más elevada, pero en realidad sólo necesitamos hacernos a un lado para que la naturaleza primordial brille a través de nosotros. Debemos desmantelarnos para que el sol primordial se revele en nosotros", dice Cheak, usando una metáfora clásica del budismo mahayana.  

A continuación presentamos el audio y la transcripción de la primera parte de nuestra conversación, en la que tocamos la enigmática hipótesis de René Schwaller de Lubicz –basada en su estudio del Egipto faraónico y sus prácticas soteriológicas– de que la conciencia humana se inscribe en los huesos, particularmente en el fémur y regresa al sedimento mineral de la Tierra, acelerando el proceso de la evolución (que no es más que el regreso de la conciencia a su origen: la Conciencia). Hablamos también de la eternidad como presencia, la relación entre la mente divina, el cosmos y el ser humano, algunos paralelos entre el hermetismo y el daoísmo y las limitaciones de la visión científica en la comprensión del mundo como un todo. En la segunda parte hablamos sobre el silencio como sendero, la relación entre conciencia y espacio o la transparencia del cuerpo y el cielo (siguiendo un poema de Rilke), el descubrimiento de la naturaleza búdica o la inmanencia de la iluminación (siguiendo al dzogchen y el mahamudra) y otros temas relacionados a la alquimia y a la espiritualidad.

Schwaller de Lubicz y la inscripción de la conciencia en los huesos (la ceniza indestructible de la experiencia)

Cuando quemas algo obtienes cenizas como residuo, y las cenizas son interesantes porque no puedes quemarlas, no puedes destruirlas, son el sobrante del proceso de la destrucción. Ya sea por combustión o por putrefacción, estos procesos destruyen todo excepto estos residuos minerales. Así que desde un sentido puramente físico, en efecto son indestructibles, son inmortales. Incluso si lo ves en términos de la cosmogénesis moderna científica, los elementos minerales son los bloques fundamentales de la creación. Así que, en cierta forma, toda la teoría de evolución de Schwaller viene de esta idea de que la vida como la conocemos emerge de esta capa mineral del ser. 

Esta idea nos dice que todo lo que conocemos como vida y evolución está contenido en la semilla mineral, y esta semilla mineral contiene una forma de conciencia que, con el tiempo, se expresa –o evoluciona– por medio del reino vegetal y el animal y así continúa. Pero al final de cuentas hay una noción de que existe una conciencia en la naturaleza mineral, la cual es el sedimento de toda la existencia. Y esto, a nivel individual, lo que significa, según Schwaller, es que [la semilla mineral] preserva nuestra conciencia. 

[Lo que se preserva en la capa mineral] no son las las experiencias comunes y corrientes que experimentas cotidianamente, sino solamente las experiencias más importantes. Y me gustaría decir que son el tipo de experiencias vitales que penetran hasta los huesos. Puedes sentirlas en la médula. Si no puedes sentirlas a ese nivel de profundidad no van a sobrevivir. Como decía, este tema fue lo que realmente me acercó a la obra de Schwaller.

Según Schwaller éste es el tipo de trabajo iniciático en el cual uno debería centrarse, cultivar ese tipo de experiencias que llegan lo suficientemente profundo para inscribirse en los residuos minerales de tus huesos. [Esta conciencia inscrita en los huesos] sobrevive la muerte del cuerpo y se recicla, y entra nuevamente en los ciclos de la naturaleza, lo cual es una especie de mecanismo de palingenesis o reencarnación, porque la conciencia que se preserva en ese residuo mineral encuentra nuevos medios de existencia. Schwaller diría que se une con la célula o semilla biológica, es asimilada en los seres biológicos y encuentra su camino hacia la expresión encarnada. 

La materia como instrumento para la evolución de la conciencia

Esto es lo que implicaba Schwaller cuando hablaba de que el reino mineral era el sedimento de toda la existencia. Sri Aurobindo lo dijo muy bien: "la materia es vida encubierta, la vida es mente encubierta y la mente es espíritu encubierto" [matter is veiled life, life is veiled mind and mind is veiled spirit]. Ésta es la idea de que incluso la capa mineral de la existencia contiene, o esconde, vida, así que secretamente está viva. Pero la vida en sí misma contiene, o esconde, la mente o conciencia, y esto mismo es un vehículo para el espíritu. Así que tienes todos estos cuerpos o encubrimientos o vehículos para el espíritu que se mueve por los distintos reinos de la naturaleza.

Lo anterior nos da la sensación de que la existencia como la conocemos está evolucionando a través de estas grandes fases que conocemos como los reinos de la naturaleza y al mismo tiempo cada fase está siempre presente. No eliminamos la fase mineral sólo porque estamos en la fase animal o humana, todas están siempre presentes.  

Lo interesante de esta idea de Schwaller es que parecería que estamos evolucionando hacia una finalidad. Sin embargo, lo que realmente dijo es que este proceso que parece una evolución es meramente una apariencia. Porque toda su filosofía habla de un ser primordial, que llamó "Antropocosmos", una entidad perfecta, que es todo y que existe como una totalidad desde antes de que lo que conocemos como evolución emerja y parezca desplegarse. Paradójicamente, el Antropocosmos es también la meta o producto final al cual la evolución se dirige. Es el alfa y el omega, el principio y fin, entre los cuales la evolución es una especie de cadena. 

Schwaller menciona el tornillo arquimédico, que me hace pensar en este fenómeno en el que si tomas un tornillo en la mano y lo giras, pareciera que la cuerda del tornillo está creciendo o extendiéndose, aunque no sea así. El tornillo es del mismo largo, no está evolucionando, no está creciendo a un lado ni al otro; sino que se mantiene igual, sólo pareciera…

Una metáfora de la eternidad en el tiempo

Esto se remonta a Platón, e incluso Parménides, que dijeron que todo es, sólo ES, sin movimiento; aun cuando tenemos esta apariencia de movimiento y cambio. Inclusive Platón en el Timeo habla del acto de este ser primordial, de esta divinidad primordial que revoluciona sobre sí mismo. Así que permanece igual, aunque se mueve sobre su propio eje, de alguna manera. Tenemos todo tipo de resonancias. 

La creación como un momento siempre presente

Schwaller habla de la constante de la cosmogenesis. Esto supone que el tiempo no es el constructo lineal con el cual estamos acostumbrados a concebir el mundo. El tiempo es esta eternidad que está siempre presente, de la misma forma que el origen de las cosas está siempre presente y el fruto final de las cosas y los procesos entre ellas están siempre disponibles a nosotros como una presencia constante. Es difícil captarlo, porque te obliga a salir de los modelos del tiempo y del espacio dentro de los cuales operamos de manera cotidiana.

Alquimia no dual: o la falsa dicotomía entre lo espiritual y lo material

Por mucho tiempo muchos académicos redujeron la alquimia a procesos químicos que podrían reproducirse en el laboratorio y antes que eso decían que la alquimia era química defectuosa que se hacía antes de que descubriéramos la ciencia. 

Así que los académicos pensaban que la alquimia era sólo química, química errónea o, también, estaba el otro modelo jungiano donde todo era psicología. Los historiadores de la ciencia han tratado de desestimar a los alquimistas psicológicos jungianos, diciendo que no es psicología, es química. Y los jungianos sosteniendo que no es química, es psicología. Yo siento que esto es una dicotomía falsa.

Mientras más estudio la alquimia más me doy cuenta de que tiene un aspecto material muy concreto, pero también tiene un aspecto metafísico. Y separarlos es no entender de qué se trata. Esto tiene que ver con lo que dije antes de que el universo tiene un sedimento de manifestación mineral, que se convierte en un vehículo para el espíritu a través del desenvolvimiento de la evolución, y así sucesivamente. Y todo esto no es más que el proceso de la conciencia manifestándose a sí misma en su retorno a sí misma. Me di cuenta de que todas las explicaciones tradicionales no captaban esa dinámica no dual.

Es por esto que la alquimia daoísta es tan interesante, ya que queda muy claro ahí esta doble naturaleza. Específicamente en la idea del yin y el yang, donde cualquier aspecto de la realidad puede expresarse en términos de una dinámica yin-yang. En un sentido básico el yin es más material y el yang más espiritual, pero siempre es una danza y nunca están del todo separados. 

Incluso puedes ver esto en la medicina china que tiene una fisiología biológica, pero también tiene una fisiología energética. Por ejemplo. tienes la sangre y las venas por las que circula, pero también tienes los meridianos por los que fluye el chi, y ellos dicen que en el flujo sanguíneo la sangre sigue al chi; así que siempre está esta interacción, esta danza de los dos aspectos. Y si extiendes esta manera de pensar a la realidad como un todo, nuestro mundo es en gran medida así: tenemos un aspecto material del universo muy contundente, pero eso mismo sigue a este universo invisible o energético, el cual nos jala a través de él, de la misma manera que el chi pulsa a través de los meridianos en contacto cercano con la sangre en las venas. Para mí, esto parece un modelo más rico y más revelador de la relación entre el espíritu y la materia que la polarización dualista en la que ni siquiera se comunican.

Lenguaje alquímico vs lenguaje científico

El lenguaje alquímico, ya sea que estés usando el lenguaje alquímico daoísta o el lenguaje alquímico occidental (hermético), describe un proceso dinámico, que puede implicar el proceso metálico en sus transformaciones, puede describir procesos en la naturaleza o también describe procesos espirituales, metafísicos o cosmológicos. Este lenguaje único aplica a todas las cosas. Esto es lo opuesto a lo que hace la ciencia moderna actualmente. Y el ejemplo clásico de eso son los elementos. Los 4 elementos tradicionales, o 5 elementos en Oriente, donde todas las cosas podían verse como manifestaciones de estos elementos. En cambio, ahora tenemos toda una tabla de elementos. Es un uso del lenguaje [la alquimia] en el que tienes un grupo limitado de términos que pueden ser aplicados a todo, describiendo todos los aspectos de la realidad, utilizando un tipo de lenguaje muy refinado, porque está describiendo los principios, las dinámicas y los procesos de la realidad como un todo. Luego llega la ciencia moderna y quiere darle a cada cosa un nombre distinto. Y es por esto que los científicos ya no hablan más entre sí, porque se han hecho sobreespecializados, como la biología versus la física y así. Todas las ciencias distintas proliferan y se hacen tan especializadas que no pueden ya entenderse, es como si hablaran idiomas distintos, porque la taxonomía y la nomenclatura son tan complicadas. Y entonces ya no tenemos una ciencia que sea universal, es demasiado específica, ya no describe más al todo. Así que es un enfoque totalmente opuesto a la ciencia hermética o daoísta, la cual entiende los principios que actúan en todas las cosas y usa lenguaje simbólico para describir esos procesos que son más o menos universales no importa la escala de realidad a la que se mire. 

Una lectura daoísta de la Tabla Esmeralda

Joseph Needham [autor de Ciencia y Civilización en China] hizo una lectura daoísta de la la Tabla Esmeralda. Él hizo una especie de traducción usando expresiones daoístas para de alguna manera mostrar que estas dos tradiciones usan el mismo tipo de lenguaje para describir los procesos del mismo tipo de dinámica de la realidad. Y es maravilloso cuando lees eso porque está glosando la Tabla Esmeralda usando lenguaje daoísta y encaja muy bien, porque te mueves de la unidad a la multiplicidad complejidad, a través de este tipo de fases, como la dualidad y la trinidad y así sucesivamente. Y hay un pasaje, creo que del Dao de jing que dice que del 1 viene el 2, del 2 viene el 3, y del 3 vienen 10,000 cosas. [Como también aparece en un texto de María la Judía, una de las primeras alquimistas que dice casi exactamente lo mismo: "Del Uno nace el Dos, del Dos nace el Tres y del Tres nace el Uno como el Cuatro"]. Y éstas son resonancias muy profundas, que algunas personas quieren explicar diciendo que debió haber una conexión histórica, que tal cultura debió haber tomado prestada esta idea de aquella otra cultura; sin embargo, esto sucede demasiado como para explicar tantos préstamos históricos. Lo que yo considero que usualmente sucede es que se debe a la mentalidad simbólica en sí misma, la cual piensa el mundo de esa manera, percibe al mundo de esa manera y, por lo tanto, expresa al mundo de esa manera.

Autopercepción divina

Puedes trazar esta idea de regreso a la cosmología egipcia, en la que la humanidad es vista como un espejo del ser divino y del mismo cosmos. El Corpus Hermeticum dice que existen dos formas de Dios: el cosmos y el hombre. Así, el cosmos y el ser humano son sólo dos imágenes simbólicas de la divinidad. El cosmos tiene una inteligencia o alma (lo que llaman el "Anima Mundi"), al igual que el ser humano.

La cosmología egipcia dice esto casi exactamente, que el universo en sí mismo, el mundo físico o el cosmos material, es el cuerpo de la mente divina y de alguna manera todas las cosas reflejan esa forma, la Creación misma es una réplica o extensión de este modo original de la divinidad. 

La otra implicación aquí es que nuestra mente o alma es en realidad idéntica a la mente divina; esto es algo que se expresa clásicamente en el hinduismo con el Atman es Brahman, el alma personal es el alma universal. Este tema es recurrente, que no existes separado de la realidad última y eres su expresión o vehículo de la misma forma que lo es el cosmos. 

Twitter del autor: @alepholo

Twitter de Aaron Cheak: @aaroncheak

Sitio de Aaron Cheak

Aaron Cheak sobre la búsqueda hermética de René Schwaller de Lubicz

Transcripción en inglés de la entrevista con Aaron Cheak

La teología matemática de Egipto en la obra de Schwaller de Lubicz

Fotos: Aaron Cheak

Asistencia en traducción y transcripción: Eleazar Velasco

La conciencia y la energía son los dos aspectos esenciales de la realidad más profunda; ésta es una visión sostenida por el budismo, el hinduismo y otras tradiciones no duales que conciben el universo desde una ontología de sólo luz

La teoría de Einstein, con su famosa fórmula E = mc2,  sugiere que la energía y la materia no son dos cosas separadas, sino dos aspectos de lo mismo. Las cosas pueden verse como objetos sólidos y separados de los demás o también –quizá de manera más acertada– como oscilaciones de energía en el espacio o excitaciones en el vacío que están constantemente surgiendo y desapareciendo. 

Si bien esta implicación de la teoría de Einstein es aceptada por la ciencia, por otro lado, seguimos arrastrando la visión cartesiana de una diferencia irreconciliable entre mente y materia, la cual influye profundamente en nuestra concepción del mundo, y nos cuesta más trabajo ver a la mente también como materia (o a la materia como mente y no como dos cosas separadas). Por añadidura, nos cuesta concebir también a la energía como mente y a la mente como energía (pese a que nuestra experiencia nos dice que nuestros pensamientos afectan nuestro cuerpo y su capacidad de hacer algo, es decir, nuestra energía). Sin embargo, existen otras tradiciones, menos materialistas y dualistas que la ciencia moderna, que sostienen que la energía y la conciencia son dos aspectos de la realidad fundamental del universo y que, como la energía y la materia, son convertibles.

Hace unos años el físico Richard Feynman escribió: "Es importante notar que en la física actualmente no tenemos un conocimiento verdadero de lo que es la energía". Con esto se refería a que la conservación de la energía es un principio matemático abstracto, y no se tiene una noción concreta de lo que es la energía. Esto parece reflejar una de las paradojas de la ciencia, que si bien es capaz de producir modelos teóricos funcionales del universo que a veces logran traducirse en tecnología, no es igual de proficiente cuando se trata de explicar la naturaleza de una forma que incluya nuestra experiencia de la misma, ni tampoco resuelve cuestiones sobre el significado, el sentido o la esencia de las cosas –lo cual tradicionalmente es la dimensión de la metafísica–. La ciencia en este sentido reconoce sus limitantes, se dedica a describir la realidad más que a encontrarle sentido. Y, en este caso, su modelo de realidad no es suficiente, ya que, como seres humanos encarnados en el mundo, experimentamos una relación intensa y vívida con la energía, la cual buscamos entender en un nivel que haga sentido con nuestra experiencia subjetiva de la misma, es decir, con nuestra conciencia de la energía. 

Quizá la ciencia moderna no tiene un modelo satisfactorio para entender qué es la energía por la misma razón que no tiene un modelo satisfactorio sobre la conciencia, lo que se conoce como el problema duro de la ciencia, puesto que, como argumentaremos aquí, la conciencia y la energía están estrechamente unidas.

En la medicina tibetana se dice que "el rlung es el caballo en el que se sube la mente", rlung es equivalente al prana del hinduismo, al chi de la medicina china, al mana de los nativos americanos y al pneuma de los griegos; un término que se traduce como energía o aliento vital. De manera similar, en el qi-gong (o chi-kun), afianzado en la medicina tradicional china, se dice que a donde se dirige la atención, ahí le sigue el chi, y se usa el término dao-yin, lo cual hace referencia literalmente a dirigir la energía y también a una práctica ascética de utilizar la intención para dirigir la energía por los diversos canales para desbloquear puntos que se han obstaculizado, muchas veces debido a factores emocionales (notablemente en la medicina china las emociones son consideradas como vientos internos, es decir corrientes de energía, y están ligadas a ciertos órganos y elementos en un flujo de transformación interna).

Para estas tradiciones la energía no es un concepto abstracto, invisible o remoto, sino que es una realidad cotidiana que permea toda las dimensiones de la existencia. David Frawley explica el significado de prana en el hinduismo:

Prana tiene muchos niveles de significado, desde el aliento hasta la energía de la conciencia en sí misma. Prana no sólo es la fuerza vital básica, también es la forma maestra de toda la energía que trabaja al nivel de la mente, cuerpo y vida. En realidad, todo el universo es una manifestación de prana, que es el poder creativo original.

En realidad el yoga y el tantra no son más que sistemas que mapean la relación entre la conciencia y la energía y crean modelos para experimentar en el cuerpo su unidad, la cual es representada como la unión entre Shiva y Shakti. Shiva, en sistemas como el tantrismo de Cachemira, simboliza la conciencia absoluta y Shakti significa la manifestación de esa conciencia que no tiene forma. Al manifestarse esa conciencia, es el mundo; la conciencia se despliega como la energía de Shakti y el poder de la manifestación de existir como cualquier cosa. Ram Dass lo dice poéticamente: "La madre (Shakti, la diosa) es el instrumento para transformar el espíritu en materia. Entender que toda forma es espíritu vuelto materia es ver que en el origen del mundo de la materia yace la madre". En otras palabras, aquí nos está diciendo Ram Dass que la energía (Shakti) es el instrumento para que la conciencia o espíritu se haga manifiesto en la dimensión de la experiencia, para que pueda experimentarse a sí misma (a través de nosotros que somos sus extensiones). Esto es lo que significa el mantra Sat-Chit-Ananda, la manifestación del ser, que es pura conciencia, como gozo. Abhinavagupta, el más grande maestro tántrico del shivaísmo, escribe que "la conciencia está hecha de luz y gozo". Quizás esto mismo había entendido William Blake cuando escribió: "la energía es delicia eterna".

La relación entre Shiva y Shakti es poéticamente representada en el cuerpo a través del despertar de la energía kundalini. Shakti, la diosa dormida en la forma de una serpiente enrollada en la columna, despierta y se eleva por el cuerpo en un torrente de energía liberando los nudos de los nadis hasta alcanzar la corona donde duerme Shiva (quien es representado como un yogui meditando absorto en samadhi en la cima de una montaña o en la flor de loto de los mil pétalos). Cuando se realiza la unión de Shiva y Shakti (el hierosgamos de la conciencia y la energía en el microcosmos que es el cuerpo) no sólo se libera una energía alquímica que se derrama por el canal central, particularmente vertiendo gotas de ambrosía en la copa del corazón, se produce paralelamente (y este es el objetivo) un estado de conciencia en el que el individuo se fusiona con la divinidad y experimenta la totalidad del universo subjetivamente (Atman se vuelve Brahman). En cierta forma, es la energía que se libera la que funciona como el soporte de esa conciencia. Desde la perspectiva relativa del individuo, la divinización o la percepción de toda la realidad como teofanía no es posible más que a través de una cierta descarga o concentración de energía. La práctica tántrica es esencialmente una metodología que se utiliza para liberar esta energía que sostiene una percepción del mundo como el cuerpo de la deidad, donde todas las apariciones son fenómenos libres de sufrimiento que se transfiguran en gozo estético y en gnosis no dual. 

Abhinavagupta escribe en su Tantraloka

La realidad suprema (param tattvam) de lo cognoscible es Shiva, pura luz consciente (prakâsa), porque lo que no es luz consciente no puede llegar a ser luminoso ni tener existencia real.

El término sánscrito prakâsa es usado por Abhinavagupta para designar la unidad entre la conciencia y la luz. Lo que nos lleva al entendimiento más fino de este artículo: la luz como la síntesis de la energía y la conciencia. Y es que la luz para diversas tradiciones religiosas esotéricas, en Occidente y en Oriente, engloba tanto a la conciencia como a la energía; es justamente aquello que sella esta unidad entre la mente y su manifestación. Esto es interesante porque la luz, sin quererla definir científicamente, nos remite a algo que no es del todo material, pero que es lo que nos permite percibir la materia, y como si fuere, teje un puente entre el mundo físico y la experiencia del mismo (la luz es, regresando a la cita de Ram Dass, el instrumento para materializar o revelar el espíritu). Asimismo, tenemos todas estas metáforas que igualan a luz con la inteligencia o con la sabiduría, como si fuera una energía cargada de pura conciencia. La luz de manera muy intuitiva parece comunicarnos la idea de energía y de conciencia al mismo tiempo. 

En las religiones abrahamicas la luz nos remite siempre a la creación (el fiat lux), a la manifestación de la voluntad divina y a la vez al verbo, a la palabra o al pensamiento divino. El filósofo, teólogo y protocientífico Robert Grosseteste, quien es considerado un santo en Inglaterra a la vez que el padre del pensamiento moderno de ese país, creía que la naturaleza matemática del universo, sus mismas leyes, derivaban directamente de que estaba hecho de luz. Arthur Zajonc en su libro Capturar la Luz glosa la teoría de Grosseteste:

Según Grosseteste, la luz fue la primera forma de corporeidad, a la que siguieron todas las demás. Multiplicándose a partir de un sólo punto infinita e igualmente hacia todas partes, formó una esfera y de esta acción surgió la materia... Por consiguiente, toda la creación material es luz condensada.

[...] A su juicio, el "Hágase la luz", ordenado por Dios abarcaba dos vertientes. Una era la que a la postre se convertiría en la luz de nuestra existencia física, que se condensaba incluso en forma de materia; la otra era una luz de inteligencia encarnada en las creaciones puramente espirituales y angélicas de Dios.

Así tenemos esta doble vertiente de la luz, que es lo que se cristaliza como los cuerpos materiales y a la vez es el medio de la inteligencia o la forma en la que la conciencia divina se mantiene como presencia que experimenta el mundo (los ángeles pueden verse ciertamente como el sistema nervioso de la divinidad). También Jung notó esta relación de la luz con la conciencia particularmente en sus estudios sobre la alquimia. Jung cita a Paracelso: "El hombre al nacer 'está dotado con la luz perfecta de la naturaleza'. Paracelso lo llama 'el mejor y primer tesoro que la monarquía de la naturaleza oculta dentro de sí misma"'. Y en su libro Sobre la naturaleza de la psique, escribe:

Ya que la conciencia siempre ha sido descrita en términos derivados del comportamiento de la luz, en mi perspectiva no es exagerado pensar que estas múltiples luminosidades corresponden a diminutos fenómenos conscientes. Esta luz es la "lumen naturae" que ilumina la conciencia. Si la luminosidad aparece en forma monádica como un sola estrella, sol u ojo, rápidamente asume la forma de un mandala y debe ser interpretada como el sí mismo.  

Jung aquí parece jugar con la idea de un especie de naturaleza cuántica de la conciencia cuya unidad mínima serían los fotones (pero que a la vez nos remite a los thigles del budismo tibetano, que son puntos de luz o energía vital pero que a la vez son unidades de información, como bits cuánticos). La forma en la que estas "múltiples luminosidades" se configuran como mónadas de las cuales deriva una identificación con un yo  (con un sí mismo), nos remite a ciertos aspectos cosmológicos del budismo tibetano donde se explica que la pura luz o energía de la mente que aparenta surgir de la vacuidad (sin dejar de ser igual a la vacuidad) se convierte en los cuerpos y en los objetos que aparentan estar separados de una mente que los percibe. La energía infinita de la vacuidad con su cualidad de cognoscitividad primordial no está limitada y puede, entre su infinito potencial de manifestarse, caer en un proceso de ignorancia en el que percibe el universo de forma dualista y da pie a sí a un mundo de objetos sólidos que emergen como si existieran separados de un yo que los percibe. Esto significaría que donde en realidad existe sólo pura luz dotada de conciencia primordial, nosotros empezamos a producir, a través de la percepción dualista, un universo ilusorio de objetos físicos separados de esa energía y de esa conciencia. Alan Wallace lo explica mejor en su artículo "Perspectivas científicas y budistas de la energía":

Los contemplativos budistas han sondeado más allá de este estado de la vacuidad relativa de la mente, penetrando a las dimensiones más profundas de la cognoscitividad [awareness], conocidas como conciencia primordial (jnana). Esto es el estado base no local, atemporal y último de la cognoscitividad, el cual es idéntico [no dual] al espacio absoluto de los fenómenos (dharmadhatu), del cual surge todo el cosmos del tiempo-espacio y la mente-materia. Este espacio luminoso de la conciencia primordial también está imbuido de infinita energía, de la que todas las otras formas de energía surgen, ya sea térmica, cinética, electromagnética o gravitacional. Como tal, esta dimensión de realidad trasciende todo concepto dualista de materia y energía, espacio y tiempo, sujeto y objeto, mente-materia e incluso existencia y no existencia. En la visión budista conocida como la gran perfección (dzogchen), todos los fenómenos, mentales o físicos, son vistos como manifestaciones de la unidad primordial entre la conciencia infinita, el espacio y la energía. Dudjom Lingpa, un reconocido contemplativo tibetano del siglo XIX, describe el espacio absoluto de los fenómenos así:

Debido al aspecto radiante y claro del espacio, puede aparecer como tierra, fuego, aire, agua, forma, sonido, olor, sabor, y objetos táctiles. Esto es, como la apariencia de planetas y estrellas reflejándose en el océano debido a su aspecto de claridad y limpidez. Pero todo estos reflejos, planetas y estrellas no son más que el océano mismo, y son de la misma naturaleza... Debido al poder incesante en la naturaleza de la conciencia primordial, existe un completo conocimiento de todos los fenómenos, sin que jamás se mezcle con o entre a los objetos. La conciencia primordial se origina por sí misma, es naturaleza clara, libre de oscurecimiento internos y externos; es el espacio infinito que todo lo permea, radiante y claro, libre de toda contaminación.

Aunque el budismo no concibe que exista una deidad creadora o un alma inmortal, los paralelos entre esta conciencia primordial del dzogchen que es igual al espacio y a la energía y la forma en la que describe la conciencia el tantrismo de Cachemira (cuyo máximo exponente es Abhinavagupta) son de notarse. Ambas escuelas son tal vez las dos cumbres de la filosofía no-dual y ambas practican una versión de  anuttara y anupaya, el no-método, para simplemente residir en ese estado de conciencia primordial sin elaboraciones. 

Para concluir, después de entrever esta relación entre la conciencia y la energía en un nivel metafísico y cosmológico regresemos al cuerpo, que es a fin de cuentas el vehículo que tenemos para alcanzar la realización de esta unidad entre la energía y la conciencia. En su estudio de una serie de textos secretos, atribuidos a Padmasambhava, en los que se explica el papel de la sexualidad en el vajrayana, Kenard Lipman escribe:

Estos textos nos revelan que el estado de energía depende del nivel de desarrollo de un individuo. Inicialmente la energía es algo que le pertenece al cuerpo que "tenemos". Pero cuando uno va progresando más allá de esta visión posesiva del cuerpo, uno se da cuenta de que la energía y la mente no están separadas. Sentir, percibir y conocer son fenómenos energéticos. A fin de cuentas, la energía es inteligente. 

Lipman considera que el entendimiento de la energía del budismo tántrico, donde se utilizan una serie de visualizaciones que van ligadas a un proceso de dirigir los pranas por el cuerpo para crear un cuerpo "imaginal" en el que el individuo se identifica con los diferentes budas, tiene un paralelo con la forma en la que Jung entendió los arquetipos (el mismo Alan Wallace en el texto citado anteriormente hace referencia a que el estado de la conciencia base alaya-vijanana accede a una dimensión arquetipal similar al mundo de las formas platónicas o los arquetipos jungianos). Lipman cita a Jung:

Los arquetipos son, al mismo tiempo, imágenes y emociones. Uno puede hablar de un arquetipo sólo cuando estos dos aspectos son simultáneos. Cuando hay meramente una imagen, sólo tenemos una simple figura de poca consecuencia. Pero al estar cargada con una emoción, la imagen gana numinosidad (o energía psíquica); se vuelve dinámica, y de aquí necesariamente emanan ciertas consecuencias.  

A lo que comenta Lipman:

En la práctica del yoga tántrico, la concentración de las sensaciones puede guiar y controlar la energía biológica; la visualización arquetípica puede canalizar la energía emocional; y la presencia pura puede unificar la energía y la mente para lograr un conocimiento más allá del intelecto. Podemos entrenar nuestra energía para que sea más inteligente y a nuestra mente para que esté más enraizada en la energía. 

Herbert Guenther, maestro de Lipman, y controversial traductor, explica en su libro sobre las enseñanzas de Padmasambhava, que para el gran maestro tántrico, "la intensidad vitalizante del núcleo del ser" (snying-po), no es algo que haya nacido o que vaya a morir, está lleno de la propia sustancia de su infinitud. En otras palabras, nuestra energía no es algo que haya nacido o que vaya a morir y tampoco es algo que sea diferente a quien somos, a nuestra conciencia. De hecho, nos dicen estas tradiciones, no somos más que una expresión, una intensidad, de la energía de la totalidad, el punto de intersección o ligamento entre lo abstracto y lo concreto, lo trascendente como inmanencia. Nuestra esencia es la unidad de la conciencia con la energía, y en el reconocimiento de esta naturaleza está el gozo beatífico (el ananda de los hinduistas) o "la intensidad extática", (como traduce Guenther, el término rigpa, la conciencia primordial que es la luminosidad misma del espacio, según el dzogchen). Como escribió Padmasambhava en el Bardo Thödol (traducido erróneamente como El Libro Tibetano de los Muertos), "la ignorancia es no reconocer que la luz que ves es el despliegue de tu propio ser" (rangnang).

Twitter del autor: @alepholo

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