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¿Amamos como nos lo merecemos? Esta forma de ver las relaciones cambiará por completo el significado que le das a la palabra "amor"

Usamos las palabras para comunicarnos todo el tiempo; sin embargo, la mayoría de las veces no podemos definir su significado, especialmente cuando se trata de conceptos abstractos. Es así como empezamos a hablar sin reparar en que quizás lo que decimos no corresponde con lo que queremos decir. Cuando hablamos de amor esto sucede con mayor facilidad, pues al amor le atribuimos conductas y prejuicios que no son necesariamente amorosos y que además no parten de nuestras verdaderas creencias.

Por otro lado, no todas nuestras interpretaciones sobre el amor son negativas, pues cualquiera que haya dado este salto de fe sabe que el amor sigue siendo un misterio, tal vez el mayor misterio de la experiencia humana.

Esto es lo que explora Thich Nhat Hanh, monje, maestro, activista y nominado al premio Nobel de la Paz, en el libro How to Love (Cómo amar), una sencilla recopilación de sus inmejorables conocimientos sobre la más compleja y gratificante potencialidad humana. También conocido como Thay (“maestro” en vietnamita), este monje se inició como activista pacífico durante la guerra de Vietnam, razón por la cual vivió en el exilio por más de 30 años.

 

 

Es decir, Thay es un autor que realmente sabe de lo que habla, y para aproximarse a sus textos sólo hace falta una cosa: disposición. Solamente hay evitar caer en la patología occidental del cinismo --nuestro mecanismo de protección por excelencia-- que califica cualquier cosa que no es convencional en nuestra cultura como simplista, ingenua, hippie o improductiva.

Y es que en el corazón de las enseñanzas de Nhat Hanh se encuentra la valiosa idea de que "la comprensión es el otro nombre del amor", que amar a otro significa comprender plenamente su sufrimiento. Y aquí cabe aclarar que aunque la palabra sufrimiento suena bastante dramática, para el budismo se refiere a cualquier fuente de profunda insatisfacción, ya sea física, psicoemocional o espiritual. Así pues, comprender y ser comprendido es lo que todo el mundo necesita. Incluso si lo entendemos a nivel teórico, habitualmente quedamos atrapados en nuestras propias fijaciones, deseos y pensamientos. Esto nos impide ofrecer esa comprensión expansiva. Hanh ilustra este desajuste de escalas con una metáfora:

Si viertes un puñado de sal en un vaso de agua, el agua se vuelve imbebible. Pero si viertes la sal en un río, la gente puede seguir sacando el agua para cocinar, lavar y beber. El río es inmenso, y tiene la capacidad de recibir, abrazar y transformar. Cuando nuestros corazones son pequeños, nuestro entendimiento y compasión son limitados, y sufrimos. No podemos aceptar ni tolerar a otros y sus deficiencias, y exigimos que cambien. Pero cuando nuestros corazones se expanden, estas mismas cosas no nos hacen sufrir más. Tenemos mucha comprensión y compasión y podemos abrazar a otros. Aceptamos a los demás como son, y luego tienen la oportunidad de transformarse.

 

La pregunta entonces es cómo cultivar nuestro propio corazón, lo cual comienza con el compromiso de comprender y ser conscientes de nuestro propio sufrimiento:

Cuando alimentamos y apoyamos nuestra propia felicidad, estamos alimentando nuestra capacidad de amar. Es por eso que amar significa aprender el arte de nutrir nuestra felicidad.

Comprender el sufrimiento de alguien es el mejor regalo que puedes dar a otra persona. La comprensión es el otro nombre del amor. Si no lo entiendes, no puedes amar.

 

Sin embargo, estamos habituados y “programados” socialmente para imitar patrones de comportamiento en donde las relaciones “amorosas” no se expresan de forma amorosa ni comprensiva sino que son el reflejo de nuestros miedos y prejuicios, y esto se transmite en nuestra educación emocional sin que seamos conscientes de ello:

Si nuestros padres no se amaban ni se entendían, ¿cómo podemos saber cómo es el amor? La herencia más preciosa que los padres pueden dar a sus hijos es su propia felicidad. Nuestros padres pueden ser capaces de dejarnos dinero, casas y tierra, pero pueden no ser personas felices. Si tenemos padres felices, hemos recibido la herencia más rica de todas.

 

Nhat Hanh señala la diferencia trascendental entre el enamoramiento --que reemplaza cualquier comprensión real del otro con una fantasía de quién puede ser para nosotros-- y el amor verdadero:

A menudo, nos enamoramos de alguien no porque realmente lo amemos y lo entendamos, sino para distraernos de nuestro sufrimiento. Cuando aprendemos a amar y comprendernos a nosotros mismos y tenemos verdadera compasión de nosotros mismos, entonces realmente podemos amar y entender a otra persona.

 

Y esto no sólo sucede en las relaciones de pareja sino que ocurre en cualquier relación interpersonal, pues de la comprensión incompleta de nosotros mismos surgen nuestras infatuaciones ilusorias, que Nhat Hanh capta con sabiduría e ingenio:

A veces nos sentimos vacíos; sentimos un vacío, una gran falta de algo. No sabemos la causa, es muy vaga, pero esa sensación de estar vacío por dentro es muy fuerte. Esperamos y esperamos algo mejor, así nos sentiremos menos solos, menos vacíos. El deseo de entendernos a nosotros mismos y de comprender la vida es una sed profunda. También existe la profunda sed de ser amado y de amar. Estamos listos para amar y ser amados. Es muy natural. Pero porque nos sentimos vacíos, tratamos de encontrar un objeto de nuestro amor. A veces no hemos tenido tiempo de entendernos, pero ya hemos encontrado el objeto de nuestro amor. Cuando nos damos cuenta de que todas nuestras esperanzas y expectativas, por supuesto, no pueden ser cumplidas por esa persona, seguimos sintiéndonos vacíos. Quieres encontrar algo, pero no sabes qué buscar. En todos hay un deseo y una expectativa continuos; en el fondo, todavía esperas algo mejor que suceda. ¡Es por eso que revisas tu correo electrónico muchas veces al día!

 

Por otro lado, el amor verdadero y veraz está arraigado en cuatro elementos: la bondad amorosa, la compasión, la alegría y la ecuanimidad. El primero de ellos trata esta relación dialógica entre nuestro propio sufrimiento y nuestra capacidad para entender completamente a nuestros seres queridos:

La esencia de la bondad amorosa es poder ofrecer felicidad. Usted puede ser el Sol para otra persona. No puedes ofrecer felicidad hasta que la tengas por ti mismo. Así que construye un hogar dentro de ti aceptándote a ti mismo y aprendiendo a amar y sanarte. Aprende a practicar la atención plena de tal manera que puedas crear momentos de felicidad y alegría para tu propio alimento. Así tendrás algo que ofrecer a la otra persona.

[...]

Si tienes suficiente comprensión y amor, entonces cada momento --ya sea durante el desayuno, mientras manejas, riegas el jardín, o haces cualquier otra cosa en tu día-- puede ser un momento de alegría.

Esta interrelación del yo y del otro se manifiesta también en el cuarto elemento, la ecuanimidad, la palabra sánscrita para la cual upeksha también se traduce como "inclusividad" y "no discriminación":

En una relación profunda, ya no hay un límite entre la otra persona y tú. Tú eres ella y ella eres tú. Su sufrimiento es tu sufrimiento. Tu comprensión de tu propio sufrimiento ayuda a tu ser querido a sufrir menos. El sufrimiento y la felicidad ya no son asuntos individuales. Lo que le sucede a tu ser amado te sucede a ti. Lo que te pasa a ti le sucede a tu ser amado.

[...]

En el amor verdadero, no hay más separación o discriminación. Su felicidad es tu felicidad. Ya no puedes decir: "Ése es tu problema".

 

La naturaleza está llena de ejemplos de mutualismo e interdependencia

 

Al mismo tiempo, la confianza y el respeto dan lugar a la profunda mutualidad del amor:

Cuando amas a alguien, tienes que tener confianza. El amor sin confianza todavía no es amor. Por supuesto, primero tienes que tener respeto y confianza en ti mismo. Confía en que tienes una naturaleza buena y compasiva. Tú eres parte del universo, tú estás hecho de estrellas. Cuando miras a tu ser querido, ves que también él está hecho de estrellas y lleva la eternidad adentro. Mirando de esta manera, naturalmente sentimos reverencia. El verdadero amor no puede existir sin confianza y respeto por uno mismo y por la otra persona.

 

Y el mecanismo esencial para establecer tal confianza y respeto es escuchar:

Amar sin saber cómo amar hiere a la persona que amamos. Para saber amar a alguien, tenemos que entenderlo. Para entenderlo, necesitamos escucharlo.

[...]

Cuando amas a alguien, debes tener la capacidad de traer alivio y ayudarlo a sufrir menos. Esto es un arte. Si no entiendes las raíces de su sufrimiento, no puedes ayudar, así como un médico no puede ayudar a curar su enfermedad si no conoce la causa. Necesitas entender la causa del sufrimiento de tu ser querido para ayudar a traer alivio.

[...]

Cuanto más entiendes, más amas; cuanto más amas, más entiendes. Son dos lados de una realidad. La mente del amor y la mente de la comprensión son iguales.

 

Nhat Hanh considera la forma en que la noción del "yo" egótico y separado interrumpe el flujo dialógico del entendimiento del otro:

A menudo, cuando decimos "te amo" nos centramos principalmente en la idea del "yo" que está sintiendo el amor y menos en la calidad del amor que se está ofreciendo. Esto es porque estamos atrapados por la idea de uno mismo. Creemos que tenemos un yo. Pero no existe tal cosa como un yo individual separado. Una flor se hace solamente de elementos de la no flor, tales como clorofila, luz del Sol, y agua. Si quisiéramos eliminar todos los elementos no florales de la flor, no quedaría flor. Una flor no puede ser sola. Una flor sólo puede estar en interrelación con todos nosotros... Los humanos también son así. No podemos existir por nosotros mismos y nada más. Sólo podemos estar en interrelación con lo demás. Soy hecho solamente de elementos no-yo, tales como la tierra, el Sol, padres, y antepasados. En una relación, si usted puede ver la naturaleza del interser entre usted y la otra persona, usted puede ver que su sufrimiento es tu propio sufrimiento, y su felicidad es tu propia felicidad. Con esta forma de ver, hablas y actúas de manera diferente. Esto en sí mismo puede aliviar tanto sufrimiento.

…Y quizás esta forma de hablar del amor se parece más al amor.

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La guía de Friedrich Nietzsche para convertirse en superhombre

Filosofía

Por: PijamaSurf - 02/16/2017

Un fascinante recorrido por los pasos para transformar nuestra percepción del mundo y conquistar la libertad espiritual y de pensamiento

Hablar de Friedrich Nietzsche es invocar forzosamente en la memoria su obra más popular: Así habló Zaratustra, donde desarrolla su más memorable teoría: la del superhombre.

En las traducciones inglesas de esta obra se solía utilizar, para la palabra alemana Übermensch, dos términos, en su momento casi indiferenciados: Superman y Overman. Sin embargo, el peso en la cultural popular del famoso cómic de Jerry Siegel, Superman, nacido en la década de los 30, obligó a usar el término Overman para, así, evitar confusiones (o memes). Por suerte, para los hablantes de español esta ambigüedad es prácticamente inexistente y apenas visible. Quizá sólo para los países en mayor contacto con Estados Unidos como México.

 

Cualquier parecido con el escudo mexicano es coincidencia.

 

El superhombre de Nietzsche concentra la concepción del filósofo alemán de un hombre de trascendencia, que se supera a sí mismo y a la naturaleza humana. En esencia, un superhombre es aquel que ha superado la esclavitud de la condición humana y ha alcanzado un verdadero estado de libertad: de libre juego y creatividad.

En este estado, de pureza individual, el individuo se ha descargado y se ha deshecho de todas las influencias: autoridades sociales, eclesiásticas, literarias, doctrinales, etc.; también de la influencia de cualquier persona. Aquel que busque el estado de pureza querrá construir su propio destino, inventar sus propios valores y bailar el juego de la vida al ritmo de su propio espíritu.

Nietzsche describe que para alcanzar el estado del superhombre, el individuo debe sufrir tres metamorfosis del espíritu. Estas transformaciones son de naturaleza prescriptiva y deben ser vistas como una suerte de guía para convertirse en superhombre, o para la liberación del espíritu:

 

Primera metamorfosis: el camello

¿Qué pesado?, así pregunta el espíritu de carga, y se arrodilla, igual que un camello y quiere que lo carguen bien. ¿Qué es lo más pesado, oh héroes, pregunta el espíritu de carga, para que yo cargue con ello y mi fortaleza se regocije?

Después de este pasaje, Nietzsche enlista varios aspectos que pueden ser considerados entre los más pesados o difíciles de la vida. Señala que el camello debe invitar a estos pesos. Y continúa:

¿o acaso es: amar a quienes nos desprecian y tender la mano al fantasma que nos amedrentaría?

Lo que Nietzsche quiere decir es que antes de que uno pueda convertirse en superhombre, primero deberá soportar grandes cargas. Luchar con el miedo, el amor, la confianza, la muerte, la confusión, la sed de conocimiento y todos los otros aspectos de la existencia humana. El camello abraza estos retos en el nombre del deber y la nobleza.

Visto de otro modo, el camello no huye ni se distrae de la vida: la saluda de frente y abraza los retos que presenta con un alto sentido del deber. Hecho esto, el camello se ve humillado y fortalecido. Sólo mediante el sufrimiento, el camello obtendrá la fuerza y la resilencia necesarias para alcanzar el siguiente nivel de transformación espiritual.

 

Segunda metamorfosis: el león

Nietzsche describe cómo el Camello entra, finalmente, al “desierto más solitario” antes de convertirse en león. La metáfora del desierto solitario puede interpretarse de la siguiente manera: el camello ha buscado, invitado y envestido las batallas que la vida le ofrece. Pero eso mismo lo ha vuelto una especie de alienado. Se ha diferenciado de los demás y de la sociedad que los produce. La duda se le ha incrustado y cuestiona todo, desde su mismo valor hasta el valor de sus búsquedas.

El desierto es el lugar de la crisis existencial, donde el Camello pondera la existencia de cualquier ley o virtud universal, y si están allí por o para guiarlo a sus propósitos. Para Nietzsche no existen las virtudes universales ni los propósitos absolutos. El camello se ve forzado a plantearse esta posibilidad, sólo así podrá convertirse en león. Así lo describe el filósofo:

Pero en lo más solitario del desierto tiene lugar la segunda transformación: en león se transforma aquí el espíritu, quiere conquistar su libertad como se conquista una presa y ser señor en su propio desierto. Aquí busca a su último amo: quiere convertirse en enemigo de él y de su último dios, con el gran dragón quiere pelear para conseguir la victoria. ¿Quién es el gran dragón, al que el espíritu no quiere seguir llamando señor ni dios? "Tú debes" se llama el gran dragón. Pero el espíritu del león dice Yo quiero. "Tú debes" le cierra el paso, brilla como el oro, es un animal escamoso y en cada una de sus escamas brilla áureamente "¡Tú debes!". Valores milenarios brillan en esas escamas, el más poderoso de todos los dragones habla así: “todos los valores de las cosas brillan en mí”.

“Todos los valores han sido ya creados y yo soy todos los valores creados. ¡En verdad, no debe seguir habiendo ningún Yo quiero!” Así habla el dragón. Hermanos míos, ¿para qué se precisa que haya el león en el espíritu? ¿Por qué no basta la bestia de carga, que renuncia a todo y es respetuosa? Crear valores nuevos -tampoco el león es aún capaz de hacerlo: mas crearse libertad para un nuevo crear -eso sí es capaz de hacerlo el poder del león. Crearse libertad y un NO, santo incluso frente al deber: para ello, hermanos míos, es preciso el león. Tomarse el derecho de nuevos valores, eso es lo más horrible para un espíritu de carga y respetuoso.

En la cita anterior se encuentra la clave de este texto. Cuando el camello descubre que la virtud y la verdad universal podrían no existir, sólo puede tomar dos caminos: o rechaza la vida por no tener sentido y se suicida, o reclama su propia libertad y crea su propio significado y su propia virtud. Para convertirse en superhombre es claro que sólo la segunda opción es correcta; ella le llevará al siguiente nivel.

Para llegar a él, el camello deberá destruir el más alto muro que lo separa de la verdadera libertad: el deber y la virtud impuestos por la tradición y la sociedad: esto es lo que el gran dragón de Nietzsche representa. El camello ha sido su esclavo y el dragón lo ha invitado a tomar retos vitales, siempre y cuando estén en concordancia con los valores impuestos desde el exterior. Podemos ver al dragón como la simple representación de todo aquel que intenta decirnos cómo vivir.

El camello deberá rechazar al dragón de tradición y mandamientos, pero no podrá hacerlo en su actual forma de camello, amante de los deberes. Para ello deberá transformarse. Sus anteriores pruebas le han permitido alcanzar la suficiente fuerza para convertirse en el león: símbolo de coraje, tenacidad, desilusión e incluso rabia. Sólo en este estado el espíritu es capaz de pronunciar un NO rotundo.

Este NO representa el rechazo absoluto a cualquier control externo y a todos los valores tradicionales. Toda cosa impuesta por otros individuos, sociedades, iglesias, gobiernos, estados, familias, así como toda forma de propaganda deben ser expulsadas con un empoderado/poderoso rugido.

Esto no quiere decir que el león crea que las virtudes y los valores impuestos por aquellas entidades son malvados o corruptos. De hecho, podrían ser buenas y útiles. Sin embargo, también es un hecho que devienen de una autoridad externa y por ello se requiere su expulsión. El superhombre es el individuo absoluto y por lo tanto debe inventarse sus propios valores, en sus propios términos.

 

Tercera metamorfosis: El Niño

Después de que el león ha pronunciado el sagrado NO, el espíritu deberá experimentar una transformación más en el camino del superhombre:

Pero decídme, hermanos míos, ¿qué puede hacer el niño que ni siquiera el león puede? ¿Por qué el león rapaz tiene que convertirse todavía en niño? El niño es inocencia y olvido, recomienzo y juego, una rueda que gira por sí misma, un primer movimiento, un sagrado SÍ. Para el juego de la creación, hermanos míos, un santo SÍ es necesario. Sí, hermanos míos, para el juego del crear se precisa un santo decir SÍ: el espíritu quiere ahora su voluntad, el retirado del mundo conquista ahora su mundo.

Entonces, Nietzsche sostiene que el león deberá transformarse una vez más para olvidar. El espíritu ha sufrido mucha confusión y confinamiento, pero es necesario que vacíe su mente del pasado. Pronunciando un sagrado SÍ el niño afirma el momento, afirma sin certeza y afirma, sobre todo, el flujo de la vida. El niño se convierte en una rueda que se impulsa a sí misma, tal como la vida. El niño elige rodar con la vida: bailar y tocar con ella.

Finalmente, para Nietzsche la creación pura emerge en este estado de juego. Cuando una persona puede alcanzar un entendimiento infantil, una mente inmersa en el momento y llena de maravilla y regocijo, esta persona podrá asirse a su propia voluntad, crear su propia virtud y, así, inventar su propia realidad. En el proceso de esta última metamorfosis el espíritu deviene en sí mismo, conquista su mundo y alcanza el estado de superhombre. El espíritu alcanza su liberación.

 

Objeciones al superhombre

Existen, con razón, objeciones convincentes al concepto de superhombre de Nietzsche y sus afirmaciones nihilistas acerca de la moral. Si los valores universales no existen y uno es libre de crear los suyos propios, ¿cómo determino si actos atroces, como el asesinato, la violación o la tortura, son justificados? Nietzsche era muy consciente de esta posibilidad e incluso predijo que sus ideas podrían ser utilizadas como justificación de atrocidades. Tenía razón: algunos especulan que sus ideas fueron la base e influencia de la ideología nazi, y en 1924 un par de estudiantes de clase alta de la Universidad de Chicago, quienes habían bebido de la influencia de la teoría del superhombre de Nietzsche, asesinaron a un niño de 14 años.

Lo remarcable es que, como la mayoría de los filósofos, Nietzsche era un voraz buscador de verdades. La objeción del párrafo anterior surge de una lectura utilitarista y consecuencialista de la teoría de Nietzsche. Es decir, una lectura desde la perspectiva de que sólo podremos actuar si y sólo si nuestras acciones dan como resultado el mayor beneficio para el mayor número de personas. Pero, para Nietzsche, esta objeción era sólo otra manera en que la humanidad intentaba imponer sus arbitrarias reglas morales en un universo donde, objetivamente, nada existe. El interés de Nietzsche no era tanto por elucubrar sobre los imaginarios constructos morales de que la humanidad se servía para reducir el sufrimiento, sino por descubrir la verdad de la existencia.

Aunque esto podría parecerte una razón para creer que Nietzsche era un canalla, hay que darle crédito por no comprometer jamás sus ideas por el mero hecho de ser impopulares. Además, él se volvió loco intentando salvar a un caballo de ser apaleado y pasó la última década de su vida en una condición más bien miserable. O sea, deberíamos darle una oportunidad y reconocer que, al menos, poseía una buena parte de compasión. No es que se deba estar de acuerdo con todos sus puntos de vista, sino con su obstinación. El solo hecho de que el superhombre pueda resultar ser una persona horrible no descarta su teoría.

Es más, tenemos muy pocas razones para creer que el hipotético superhombre no tiene valores compasivos; de hecho, existe un argumento para pensar que es bastante probable que él o ella pudieran tenerlos. Es posible ver en el niño de Nietzsche a un ser juguetón en total contacto con su naturaleza profunda, acaso similar a la de un taoísta o budista zen que se ha realizado. Hay un dicho zen: “Nada te queda en este momento sino tener una buena risa”; es decir, el momento en que uno ha alcanzado el satori (la iluminación) es similar al momento en que se ha alcanzado el estado de “niñez”.

En el zen y en el taoísmo, así como en la obra de Nietzsche, cuando alguien alcanza este estado de liberación, descubre la compasión natural por todos los seres sensibles, no como una ley moral sino como la consecuencia natural e intuitiva de que todos los seres son “cortados por la misma tijera”. Es agradable pensar que el verdadero superhombre compartiría esta realización, pero Nietzsche jamás lo hace explícito. Si esto te parece una distorsión de la teoría de Nietzsche, entonces llamémosle superhombre 2.0.

 

Utilidad del superhombre

El hombre frente al infinito, Rufino Tamayo.

Muchos han desestimado la teoría del superhombre por parecerles una suerte de idealización inalcanzable. Pero desestimarla es signo de miopía. De ella podemos al menos extraer varios axiomas de gran utilidad e importancia:

 

1) El dolor es necesario para la transformación positiva y debe ser abrazado

Básicamente, el dolor (físico, emocional, existencial, etc.) es un aspecto inalienable de la vida. La mayoría de nosotros dejamos que se vuelva la fuente de ansiedad o tristeza más hondas porque sentimos frustración y nos preguntamos su por qué, en lugar de comprender que a través de las experiencias difíciles nos convertimos en seres resilientes y más perceptivos con la vida. Es por eso que, en cambio, deberíamos aceptar el infranqueable dolor, abrazarlo y observarle con calma.

 

2) Para liberarnos debemos combatir todo control que provenga de autoridades externas

Si nuestro actos y pensamientos son dictados por entidades exteriores, no podremos conocernos a nosotros mismos, evitando que vivamos una vida auténtica. Las ideas de otros pueden inspirar e influir en las nuestras, sin embargo, la clave es asumir ciegamente que nuestro saber (o el de otros) es absoluto. Debemos desarrollar la habilidad de entender cualquier idea sin necesidad de aceptarla permitiendo que aquellas partes resonantes de verdad se fundan en nuestra cosmovisión única y siempre cambiante. Debemos apropiarnos de cada idea alterándola y entendiéndola en lo específico de nuestro espíritu.

 

3) Cultivar coraje, fuerza y audacia para cortar los hilos que nos manipulan

Hay una razón por la que la mayoría de las personas andan ciegamente por la vida: les aterroriza perseguir otras alternativas. Corretear la verdad y la libertad por sobre todas las cosas conlleva una existencia dolorosa y, a menudo, solitaria. Las recompensas son, sin embargo, galácticas en su grandeza. El sentido de libertad, poder, unicidad y amor que se pueden alcanzar en la búsqueda de una existencia superior son joyas indescriptibles e inconmensurables de la experiencia humana. Debemos hallar en nosotros mismos ese lugar de respuestas y audacia sin igual, que nos eleve por sobre aquellos que nos deseen controlar.

 

4) Afirmar la vida y bailar con ella para jugar e inventar

El niño no sólo acepta la vida, la exalta toda. Su espíritu infantil reconoce que sus propios pensamientos y expectativas son la fuente de su experiencia, sea ésta positiva o negativa. Entonces, escoge vivir en la espontaneidad, relajado y en estado de celebración perpetua. Logrado esto, le es permitido fluir con la corriente en lugar de nadar en contra. Se vuelve capaz de crear con pureza porque vive de manera auténtica haciendo uso de la infinita imaginación del universo… y nosotros debemos aspirar también a ello.