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En el tiempo que dedicas a Facebook en 1 año, podrías haber leído 200 libros

Libros

Por: pijamasurf - 02/01/2017

En promedio una persona llega a pasar 608 horas al año en distintas redes sociales, tiempo más que suficiente para leer una buena cantidad de libros

Hasta la fecha, los libros tienen un prestigio propio, una suma de cualidades que les otorga cierta aura de singularidad frente a otros medios de conocimiento. Los libros condensan experiencias de vida que sólo son accesibles bajo ese formato y que sólo al leer podemos aprovecharlas. Esa, en buena medida, es la razón decisiva y auténtica para leer: porque en los libros encontramos una posibilidad de desarrollo que no se encuentra en ningún otro lugar. Desde esa perspectiva, todas las recomendaciones que se hacen para leer más tienen sentido, si bien en muchas ocasiones se olvida hacer explícita dicha ventaja.

Con todo, no menos cierto es que en la forma de vida contemporánea parece que cada vez hay menos tiempo para leer libros. Y no porque no leamos, pues en realidad leemos continuamente (mensajes, artículos web, etc.), sino simplemente porque la lectura de libros requiere de otras prácticas: cierto grado de paciencia, una forma más pausada y paciente de experimentar el tiempo, cierta sensibilidad y otros rasgos que no tenemos del todo cultivados en nuestra época.

En este sentido, recuperamos ahora un sencillo cálculo realizado recientemente en el sitio Quartz a propósito del tiempo que se dedica en promedio a las redes sociales y si este mismo podría ser empleado en leer.

En sus números, una persona lee entre 200 y 400 palabras por minuto y, por otro lado, un libro de lo que en el mercado anglosajón se conoce como de “no ficción” (ensayos, estudios, biografías, etc.), tiene aproximadamente 50 mil palabras. A partir de esto se tiene que:

200 libros x 50 mil palabras = 10 millones de palabras

10 millones de palabras / 400 palabras por minuto = 25 mil minutos

25 mil minutos / 60 = 417 horas

417 horas en un año para leer 200 libros

Ahora bien, como dice Charles Chu, este número parece no decir mucho. 417 horas en un año parece un período asequible, para nada extraordinario, pero al mismo tiempo un tanto vacío o insignificante.

No así, sin embargo, cuando se le compara con un par de elocuentes datos: el estadounidense promedio pasa 608 horas al año en redes sociales y mil 642 horas por año viendo televisión. Esto es, 2 mil 250 horas o, dicho de otro modo, aproximadamente el mismo tiempo que se podría emplear en leer más de mil libros. Aunque puede ser un poco un tanto neurótico, tú puedes hacer tu cálculo personal: haz un cálculo aproximado de cuánto de tu día empleas en Facebook, Instagram, Twitter, YouTube e incluso WhatssApp.

El asunto, claro, no termina aquí, pues una cosa es saber que se tiene tiempo para hacer algo y otra muy distinta hacerlo.

¿Quieres leer más? Lo más sencillo que podemos decirte es que comiences a hacerlo y ya. Si no tienes el hábito, puedes comenzar con libros sencillos –novelas policíacas, cuentos de terror, ensayos sobre un tema que te apasione– y, anímicamente, no desesperarte. Como todo ejercicio, la constancia es la clave. Y si ya has sido lector y sólo por desidia o negligencia pasas más tiempo en Facebook que leyendo un libro, lo único que podemos decirte es que quizá podrías tomar conciencia de ello para retomar una práctica mucho más provechosa para tu vida.

Después de todo, obras como Crimen y castigo, los cuentos de Borges, la poesía de Wisława Szymborska o El banquete no se encuentran en un post de Facebook.

 

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Una lista heterogénea de libros que, sin embargo, tienen algo en común: el ánimo reflexivo al que usualmente nos lleva la última parte del año

Con el fin del año es casi inevitable que nos inunde un estado de ánimo a medio camino entre la melancolía y la gratitud. Asistimos nuevamente al fin de un período y entonces no podemos dejar de recordar lo que vivimos, lo que hicimos, también lo que dejamos de hacer, lo que postergamos una vez más, lo que se presentó sin que lo buscáramos, y mucho más. La vida en toda su contingencia. Lo cual puede ser agradable pero también angustioso: podemos agradecer estar vivos pero también a veces la existencia se nos presenta como un enigma que no terminamos de entender.

Y qué mejor que, a veces, un buen libro que nos asista en dicho entendimiento. Como alguna vez dijo Carl Sagan, los libros son los dispostivos en donde, como especie, hemos almacenado la sabiduría de las mejores personas que han pasado por este mundo, misma a la que tenemos acceso siempre que queramos: basta con abrir el libro donde se encuentra depositada.

A continuación compartimos una pequeña selección de libros que puede acompañarte en estas últimas semanas del año.

 

La muerte de Iván Ilich, León Tolstói

El clásico de León Tolstói es una demorada meditación sobre el paso del tiempo, la enfermedad pero, por encima de todo, la displicencia con que en ocasiones tratamos nuestra propia vida, descuidando así el tiempo que nos fue otorgado.

 

La repetición, Søren Kierkegaard

Uno de los enfoques más estimulantes y liberadores en torno a la noción de repetición, ese mecanismo psíquico y de comportamiento que nos mantiene haciendo siempre lo mismo pero que, para Kierkegaard, es más bien la oportunidad de hacer algo nuevo.

 

El archipiélago, Friedrich Hölderlin

Un poema narrativo en el que Hölderlin recorre con nostálgico romanticismo el pasado de las islas griegas y la historia épica que se desarrolló entre sus aguas y sus territorios. Este es un fragmento de la traducción de Marcela M. Mendoza, publicada en México por Exmolino Taller Editorial (2015):

y no sé a dónde ir por consejo; pero desde
hace tiempo
ya no hablan y reconfortan a los necesitados
los proféticos bosques de Dodona;
mudo está el dios délfico y muchos años
ha
que solitarios y abandonados se
encuentran los senderos
por donde antes dulcemente guiado por
las esperanzas,
el caminante subía a la ciudad del veraz
profeta.

 

La sociedad del cansancio, Byung-Chul Han

¿Nunca como antes te habías sentido tan cansado tanto tiempo? No eres tú, es el sistema. En este libro el filósofo de origen coreano Byung-Chul Han expone una tesis interesante: en nuestra época somos al mismo tiempo amos y esclavos, somos explotados por otros pero también hemos interiorizado esa explotación, con lo cual nos obligamos a dar siempre más y nos frustramos cuando nos damos cuenta de que no podemos. Un libro interesante para replantear mucho de lo que hacemos cuando decimos vivir.

 

Las paradojas de Mr. Pond, G. K. Chesterton

En la historia de la literatura existe un puñado de escritores que leerlos es felicidad pura. Son luminosos, joviales, ligeros, sencillos, y desde ese lugar son también capaces de decir cosas relevantes, de conmovernos y mostrarnos la capacidad expresiva de la literatura. Chesterton es uno de ellos. En este tomo en particular, su pericia para las historias policíacas se mezcla con cierto ánimo reflexivo, pues se trata de cuentos que Chesterton escribió poco antes de morir. Uno de ellos se encuentra en casi todas las antologías del género: “Los tres jinetes del Apocalipsis”.

 

El mal de la taiga, Cristina Rivera Garza

Una novela breve sobre el amor, la pérdida, el reencuentro y el desencuentro entre dos personas escrita bajo la forma de una historia de detectives.

Me haría cargo del caso de los locos de la taiga. Resolvería su acertijo. Le diría, a final de cuentas, muchos días después, con el cabello ya muy crecido, que nadie sabe nunca por qué. Que el desamor aparece igual que el amor, un buen día.

 

Dirección única, Walter Benjamin

Quizá el libro más lúdico de Walter Benjamin, filósofo y sociólogo, una colección de recuerdos, reflexiones, apuntes, sueños, aforismos y, en general, esa escritura incidental que a veces queda anotada en las márgenes de la vida pero que no por ello es menos relevante. Benjamin, por otro lado, en quien se combinaron la agudeza intelectual y la vasta cultura, es capaz de abrir nuestro horizonte con apenas una sugerencia de conocimiento. En español este libro también se encuentra con el título Calle de sentido único.

 

Tener y ser, Erich Fromm

En nuestra época existe una confusión más o menos generalizada entre estos dos verbos: tener y ser. Por distintas razones y a veces sin darnos cuenta del todo privilegiamos el tener y soslayamos la importancia de ser, lo cual da origen a emociones como la frustración, la sensación de vacío, el apego patológico a las cosas, la incapacidad de relacionarse con otros y más. En este libro, Erich Fromm traza las diferencias entre uno y otro estado, y cómo navegar dicha confusión para llegar a buen puerto.

 

De haberlo sabido antes, Elena Climent

Una emotiva novela gráfica publicada por la casa editorial Trilce en la que Climent, pintora, cuenta la historia de su vida, ajetreada como la de cualquiera, difícil, pero también rica en experiencias.

 

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