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Una buena explicación de por qué la música nos afecta tan profundamente

Arte

Por: pijamasurf - 07/08/2017

La música es emoción pura que forma importantes vínculos entre las personas

La música es, como han notado grandes pensadores de todas las épocas, la cumbre de la comunicación emotiva humana, incluso aquello que da significado a nuestras vidas. Pero, ¿por qué nos cala tan hondo la música?

Adam Ockelford responde a esto en su libro Comparing Notes: How We Make Sense of Music. Ockelford sugiere que la música tiene la cualidad de comunicar significado, "ya que todos sus sonidos constituyentes --notas-- producen pequeñas respuestas emocionales, y éstas están unidas en una narrativa coherente a través de  la imitación". Esto distingue, por ejemplo, a la música de una sonata a una cascada; aunque en ocasiones la cascada pueda presentarnos una experiencia llena de significado, esto depende de un estado mental previamente condicionado para atribuir a la cascada y a ese momento significado.

A diferencia de las palabras, las secuencias de notas están libres para comunicar emoción pura, irrestricta de la necesidad de entendimiento semántico. Por lo tanto, la música requiere menos poder de procesamiento que el lenguaje y la música en su forma más simple --las interacciones vocales entre un bebé y su madre-- precede al desarrollo del lenguaje humano. Tanto la música como el lenguaje son percibidos de manera natural por el cerebro joven.

Esto es sumamente interesante, ya que sugiere que en realidad cualquier persona es capaz de sentir la emoción que comunica cierta música, aunque quizás luego le cueste explicarlo en palabras. La música va más allá de las palabras y directamente conecta emociones. 

Se cree que la música tiene la función de fortalecer el vínculo entre padres e hijos y un sentido de pertenencia a grupos sociales más amplios. Incluso, según Ockelford, se estudia el papel de la música en el desarrollo de la empatía, ya que imitar sonidos de alguna manera nos hace como las personas que hacen esos sonidos --y los sonidos son, a su vez, emociones puras que crean vínculos.

El estremecimiento poético tiene motivaciones fisiológicas

Arte

Por: PijamaSurf - 07/08/2017

La ciencia comprueba la gran efectividad de la poesía para mover nuestras emociones

Acorde con un estudio publicado en la revista Social Cognitive and Affective Neuroscience, el 77% de las personas no puede escapar al estremecimiento al leer por primera vez estos versos de Jaime Sabines:

 

El mar se mide por olas

el cielo por alas

nosotros por lágrimas

El aire descansa en las hojas

el agua en los ojos

nosotros en nada

Parece que sales y soles

nosotros y nada

 

Aunque los últimos versos no sean del todo transparentes, se pueden repasar y repasar a medida que el efecto poético emerge de las profundidades de la piel y cierto significado alumbra el cerebro. Para el Nobel español Vicente Aleixandre, la poesía implicaba la complicidad de las vísceras y las palabras: “Voy a cantar doblando/ canto con todo el cuerpo”.

La realidad de esta metáfora, apta para el surrealismo, fue objeto de la investigación de Eugen Wassilinsky del Instituto Max Planck para la Estética Empírica. Junto con su equipo, el investigador elaboró un experimento para captar la actividad neuronal, medir la frecuencia cardíaca, las expresiones faciales e incluso los movimientos de la piel y de los vellos de un grupo al momento de escuchar algunos poemas representativos de la poesía alemana. La mayoría de los participantes eran mujeres de entre 20 y 30 años, ninguna experta ni muy cercana a la poesía.

Al poner atención a las grabaciones, los escuchas aseguraron haber sentido escalofríos. Como se ha notado en personas al escuchar música o ver espectáculos conmovedores, al 40% se le erizó la piel visiblemente, mientras que se activaban zonas del cerebro que no se habían reportado al estudiar la recepción de otras artes.

La medición del estremecimiento que provoca el poema arroja datos sobre el secreto de la composición poética. El análisis de esta relación, prevista desde mediados del siglo XIX por E. A. Poe en Philosophy of composition, demostró, según se explica en el artículo de Wassilinsky, que el impacto de un poema es una emoción gradual cuyas manifestaciones corporales se anticipan hasta en 4.5 segundos a las partes con mayor carga significativa, como el final de una estrofa o de todo el poema.

Para sentir esto no es necesario conocer de antemano la obra. Se van creando expectativas mediante la insinuación del sentido y la emoción lírica del ritmo, de las combinaciones de sonidos, del traslape de significado por alguna palabra empleada inusualmente. Esto confirma la premisa desde la cual Poe, haciendo eco de la tradición poética, declaraba que el secreto de la composición era medir los efectos deseados o generar una sola, lenta y profunda emoción en unidades no muy extensas, capaces de turbarnos hasta la médula.