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Este ilustrador dibujó a 100 personas durante 100 días a cambio de sus secretos

Arte

Por: pijamasurf - 08/22/2017

Un ejercicio sumamente creativo pero, sobre todo, conmovedor

Todos tenemos secretos. En cierta forma, es imposible no tenerlos. Tenemos secretos respecto a nuestra familia, nuestros amigos, nuestra pareja y podría decirse que incluso respecto a nosotros mismos.

Hay cosas que preferimos ocultar, no decir, callar incluso a nuestra propia conciencia. La mayoría de las veces no por voluntad propia, sino por una suerte de imposición que creemos haber recibido de otros.

Un hecho de nuestra vida que por alguna razón nos avergüenza, sentimientos que creemos que no debemos demostrar a otros, manías que preferimos realizar sólo cuando estamos a solas…

En este contexto, el ilustrador de origen filipino Terence Eduarte realizó un ejercicio creativo pero, sobre todo, profundamente conmovedor. Durante 100 días dibujó a 100 personas, con una condición muy particular: a cambio de uno de sus secretos más íntimos.

Así, en una transacción marcada por lo invaluable (el talento del artista, el secreto de la persona), el resultado fue un álbum sumamente emotivo, por momentos también doloroso, a veces cómico y en todos los casos singular. Retratos en donde se combinan el individuo y la cultura a la que pertenece: los sentimientos que aunque pueden entender otros, por alguna razón la persona elige llevarlos a cuesta en soledad.

Compartimos a continuación una selección de las ilustraciones. Debajo de la viñeta se encuentra el secreto compartido con Eduarte.

 

La semana pasada cumplí 28 años y nadie lo recordó. Ni una llamada, ni un mensaje de mis amigos o de mi familia. Así que me levanté al día siguiente, salí de mi casa y lloré en silencio. Mi perro se acercó y empezó a llorar también. Fue lo más hermoso que alguien ha hecho por mí.

 

Quemé la nota suicida que escribí hace 1 mes. Hoy es un buen día.

 

Siempre pregunto a mis amigos si están bien, pero la gente pocas veces pregunta cómo estoy yo.

 

A veces me siento solo incluso si estoy con amigos. Cuando estamos juntos, me siento como si fuera un anuncio publicitario.

 

Hago lo mejor que puedo para que que la gente esté feliz, pues sé cómo es sentirse absolutamente insignificante. No quiero que nadie más se sienta así.

 

Le dije a mi hijo aún no nacido que no estaba lista para ser amada por él. Al día siguiente aborté.

 

Han pasado 2 años y medio y aún no puedo decir a las personas a mi alrededor que soy VIH positivo. En vez de enfocarme en lo que puedo hacer, hago trabajo voluntario para ayudar a cambiar el estigma en torno al VIH.

 

Quería visitar a mi abuela en el hospital pero era una caminata larga y me dio flojera. Al día siguiente, falleció.

 

Le digo a la gente que mi mamá murió de cáncer, cuando en realidad murió de cirrosis alcohólica. No quiero que los demás piensen que era una madre horrible. Éramos cercanas, no importa cuán diferente la hacía a veces el alcohol.

 

Perdí mi sonrisa hace tiempo. Ahora voy a todos lados esperando que nadie noté que esta no es más mi sonrisa.

 

Creé una amiga imaginaria como mecanismo de supervivencia para mi depresión. Ahora quisiera hacerla desaparecer, pero ella siempre regresa.

 

Mis amigos me rechazaron porque creen que soy gay. Intenté decirles que no lo soy, pero he comenzado a darme cuenta de que tal vez ellos tengan razón. Estoy perdido entre ellos y mí mismo.

 

Me pregunto constantemente qué piensan de mí los demás. Y no creo que eso sea saludable.

 

En general me considero agradecida y feliz por lo que tengo en mi vida. Pero siempre siento como si hubiera un gran hueco oscuro que nadie entiende en mi corazón. Cierto dolor simplemente no se va y me esfuerzo mucho por vivir con él.

 

Un día regresé de la universidad y enfrente de mis amigos mi mamá me dijo que me cubriera las piernas. No quería que ellos se dieran cuenta de que yo había ganado peso y, dijo, lo había hecho para protegerme de las habladurías. Ese comentario no abandonó mi mente y he sido bulímica desde entonces.

 

No sé lo que quiero…

 

Siempre he sido a la que dejan en una relación. He pensado que está bien. Intento convencerme de que estoy bien. Pero hay noches en que tengo crisis repentinas y me hago muchas preguntas. ¿Hay algo malo conmigo? ¿De verdad no soy alguien por quien valga la pena luchar?

 

Inventé una gran parte de mi vida. La gente piensa que algunas cosas de verdad ocurrieron, pero la verdad es que muchas de mis historias son falsas.

 

Mi primera relación fue una de abuso físico y emocional. Cuando finalmente terminó, pasó algún tiempo antes de acostumbrarme a la idea de que el amor podía expresarse en formas distintas a las que había experimentado.

 

Engañé a varios hombres, y ahora que encontré al amor de mi vida, él no estaba preparado para mí. Salía conmigo mientras aún veía a su ex. Si existe algún ejemplo del karma en su forma más pura, más dolorosa y más justificada, es esta.

 

Exagero las cosas y constantemente hago de mí el centro de atención porque me aterra ser olvidado.

 

Hace 5 años sorprendí a mi tercera novia engañándome. Esa fue la ocasión en que decidí tener un novio.

 

Comparto fotos e historias en las redes sociales para mostrar cuán interesante y colorida es mi vida, cuando en realidad es justo lo opuesto.

 

Tengo una rara obsesión por oler el aroma del papel y escuchar el sonido del pasar de las páginas.

 

Nunca aprendí a nadar, así que le digo a la gente que soy alérgico al cloro. Es muy vergonzoso.

 

Me avergüenza sentir placer porque mis amigos peleen con sus parejas. Me hace sentir bien respecto de estar perpetuamente soltera.

 

Compro cosas que no puedo pagar para hacer pensar a los demás que soy alguien que no soy. Ellos ven Prada y Burberry, mientras que mi cuenta de banco está a punto de arruinar mi vida.

 

Fui drogada y violada por alguien a quien conozco pero no soy capaz de decirlo por temor a recibir la culpa de la víctima. Pero la mayor parte del tiempo no puedo más que culparme a mí misma.

 

Me gusta jugar con los sentimientos de otras personas porque soy inseguro respecto a los míos.

 

Puedes encontrar más ilustraciones en el perfil de Instagram de Terence Eduarte. Y te recordamos que igualmente encuentres a Pijama Surf en esta misma red social.

 

También en Pijama Surf: La mayoría guardamos alguno de estos 34 secretos

Solvitur ambulando: Por qué una caminata bien puede ser la solución a tus problemas

Arte

Por: pijamasurf - 08/22/2017

Los beneficios para la salud, la inteligencia, la creatividad y la espiritualidad de una sencilla caminata

Caminar es seguir considerando las cuestiones de la eternidad, la soledad, el tiempo y espacio… Pero con base en la experiencia. Con base en cosas muy simples, cosas muy ordinarias.

Fréderic Gros

Hay pocas actividades más poéticas, filosóficas, meditativas y sanas que caminar. Una buena caminata conjuga todo esto. Tenemos la poesía de observar el paisaje, la luz, los sonidos y su interfaz con nuestra mente (que puede llegar a crear versos o melodías). La caminata es también un ritmo, y nuestros pensamientos pueden recoger oleadas rítmicas. Al caminar, los pensamientos que se producen son más frescos y lúcidos. La mente se vuelve más amplia con el espacio. Las cosas transitan en torno a nuestra percepción y se desvanecen, notamos los cambios. Algunos fenómenos resaltan y nos invitan. Naturalmente reflexionamos sobre la vida, sobre el movimiento, sobre la belleza --y lo hacemos de una manera más libre y menos anquilosada que sentados en una habitación. Es posible practicar lo que Balzac llamó "la gastronomía del ojo" o el llamado flânerie. Podemos también caminar para meditar, poniendo atención a lo que sucede en el espacio, a nuestro propio cuerpo mientras camina, los músculos, el aire, la respiración; observar la relación entre el entorno y los pensamientos que se producen. Notar que existe tal relación, que no hay una marcada separación. Y una buena caminata es un alivio para el cuerpo-mente, como bien saben los japoneses con sus baños de bosque o como es evidente para los científicos, ya que caminar es hacer ejercicio y es tomar una pausa de la existencia moderna dominada por las pantallas, las distracciones y el estrés sedentario. Estudios muestran que una caminata en el bosque es tan revitalizante como una taza de café y que caminar tiene efectos antidepresivos.

Desde las grandes caminatas de los monjes zen en la naturaleza hasta las caminatas filosóficas de Kant y de Nietzsche o las caminatas poéticas en los paisajes verdes de Inglaterra o en las montañas de la cordillera de los Alpes de los poetas románticos, la caminata tiene un linaje intelectual y espiritual difícil de superar. El hecho de que lo tengamos que resaltar es quizás preocupante: ciertamente, hubo un tiempo en el que caminar era una actividad inevitable cuyos beneficios, por lo tanto, no sobresalían. Hoy en día caminar sigue siendo necesario, tanto por la necesidad de hacer ejercicio como, sobre todo, por la necesidad de interrumpir la enajenación cotidiana a la que están sometidas gran cantidad de personas que pasan la mayor parte del tiempo sentadas consumiendo incesantes ríos de información digital que secuestra su atención. En contraste con esto, caminar es ya una meditación, pues al menos nos obliga a poner atención --aunque sea medianamente-- al presente, a lo que está enfrente, y nos da una presencia dinámica. Más aún sí caminamos conscientemente, sin checar el teléfono, tratando de que nuestra atención no se quede con algún objeto que vimos o con algún recuerdo o pensamiento pasado. Podemos observar todas las cosas que vemos, incluso absorberlas íntegramente, y notar sus evocaciones, pero no nos apegamos a ninguna. Seguimos observando, seguimos caminando.

Decimos que caminar puede resolver tus problemas porque la mayoría de los problemas son generados por el pensamiento que se obsesiona. Son fijaciones. Son fardos que se alimentan de la atención de la mente. Evidentemente uno puede salir a caminar y seguir obsesionado con un problema, pero es al menos más fácil dejar de pensar obcecadamente en algo cuando estamos en movimiento, cuando nos salimos de un espacio cerrado y se nos presentan estímulos cambiantes, generalmente más frescos. Muchas veces lo que necesitas es sólo un respiro, un cambio de perspectiva. Asimismo, muchos de nuestros pensamientos y recuerdos están ligados al espacio y a los objetos de dicho espacio, que surgen de manera dependiente. Nota cómo, si cambias de lugar, tus pensamientos cambian.

Si has detectado que estar distraído te frustra, y entras en círculos viciosos realizando actividades inanes e insignificantes en el lugar donde pasas más tiempo, es indudable que una caminata te caerá muy bien. Caminar te sacará del loop y te permitirá reiniciar un proceso con nuevos bríos. Especialmente si sales a caminar con la intención de estar atento (para esto puedes poner tu atención en la respiración o decir un mantra). No te imaginas cuántos problemas tienen como causa simplemente estar distraídos; el maestro Dzongsar Kyhentse Rinpoche incluso se atreve a decir que todos los problemas, de alguna manera u otra, tienen que ver con la distracción. Sal del pantano y la miasma de tus pensamientos y camina un poco.

Si tus problemas son de tipo físico (y no tienes impedido caminar), una caminata puede ser la mejor medicina. Esto es especialmente cierto si tienes un problema mental, ya sea depresión, ansiedad o simplemente un dolor de cabeza. David Kessler, ex comisionado de la FDA (Food and Drug Administration) sugiere en su libro Capture que todas las enfermedades mentales tienen en común un desbalance de la atención selectiva, lo que llama "captura". Nos enfermamos mentalmente cuando algo captura nuestra atención de manera obsesiva. Cuando nos encasillamos, nos encostramos, nos enclaustramos mentalmente y recirculamos las mismas ideas obsesivamente sin refrescarlas. Como dijera William Blake: "el que piensa y no actúa engendra pestilencia". Hay que salir a caminar un poco.

Para las cuestiones digestivas, resulta útil recordar la admonición de los pobladores de Okinawa, la isla japonesa que tiene uno de los más altos índices de personas centenarias. Ahí se recomienda comer sólo hasta llenarse en un 80% (lo que se llama "Hara hachi bun me") y dar 80 pasos después de comer.

Incluso si buscas una solución intelectual a un problema, si sientes que necesitas pensar bien algo (y reconociendo que pensar mucho generalmente no soluciona un problema), caminar bien puede ser la solución. El efecto eureka llega tanto caminando como en la tina. Ambos procesos comparten salirse del tren de ideas y actividades en las que estamos enfrascados, relajarse y dejar que la mente inconsciente, mucho más amplia e innovadora que la mente racional, pueda surgir a la superficie, como una burbuja. 

"Creo que en el momento en el que se empiezan a mover mis piernas mis pensamientos empiezan a fluir", escribió Henry David Thoreau. Si queremos tener pensamientos más lúcidos y dinámicos, capaces de ver las cosas desde otros ángulos, incluso permitir que despegue el ojo arquímideo, caminar es una buena opción. Ferris Jabr agrupa en The New Yorker una serie de estudios que indican que caminar promueve nuevas conexiones cerebrales, incrementa el volumen del hipocampo (una región asociada con la memoria) y fortalece el tejido cerebral que suele desgastarse con la edad.   

Por último hay que mencionar, para aquellos propensos a la espiritualidad, la posibilidad de que la caminata, en su más alto estado contemplativo, se convierta no sólo en una meditación en movimiento sino en una oración. Caminar puede ser una forma de orar con todo el cuerpo, de dejar de ser alguien y ser sólo rezo, clamor divino, algo que sugirió San Agustín.

La frase latina "solvitur ambulando", literalmente significa "se soluciona caminando". La frase puede tomarse literalmente, un poco como lo hemos hecho aquí: caminar es una disolución del problema en la actividad, movimiento que disuelve la coagulación del pensamiento. Por alguna razón, al caminar todo se aligera. Y también como se ha interpretado, sugiriendo que las cosas se resuelven realizando experimentos prácticos, poniendo en práctica las cosas. Algo así como la frase "walk the talk", camina lo que dices, sueña con los pies. De cualquier forma, sal a caminar y verás que tu problema no es tan grande como lo pensabas. 

 

Recomendamos el texto: Sobre salir caminar (o caminar como una forma de reclamar y reencantar el mundo)